Cuentos de confinamiento

Tengo la manía de pensar en cómo le voy a contar la historia de mis tiempos a mis nietas, porque siento que van a ser nietas, no tengo problema si son varones, creo que es solo para llevarle la contraria a Guillermina, mi abuela, quien aunque fue muy avanzada para su época, se esforzó tanto en lograr su puesto de matriarca de la familia, que la escuche muchísimas veces diciendo – prefiero a los hijos, los nietos, a los varones – en esos momentos me sentía aludida y ofendida, aunque inmediatamente agregaba, que yo era su nieta preferida. Años después, sus nietas, descubrimos que nos decía lo mismo a todas, en todo caso, fuimos nietas consentidas por Guillermina, para después contarnos la versión, que cada una tenía de las historias de nuestra abuela. Creo que ese es el origen, de esa mi manía de contar, de hecho en la familia, todos se quejan, como los voy comparando con los distintos miembros de nuestro árbol genealógico, con la sentencia – Sal de ese cuerpo… (Nombre del ancestro).

Continuando con mi idea fija, de contarles a mis nietos este momento, de Covid-19, pandemia, aislamiento social, pico y cédula, confinamiento, porque ya Venezuela y la migración estarán más que contadas, posiblemente hasta extranjeras serán mis futuras nietas, ya algunas de mis sobrinas nietas lo son, a consecuencia de la diáspora venezolana a la que pertenecemos. Será una más de esas historias extrañas que nos pasó a los venezolanos.

Tendré que hacer referencia a que en Venezuela difícilmente uno se aburría, aunque después de más de veinte años en el mismo régimen, nos volvimos temáticos, hasta que caímos en el obligado lamento del “No Hay”. Usar la palabra “normal”, será otro reto para narrar, pues todo dejó de serlo en un determinado momento, intento no olvidarme de lo que se supone es normal, y continúo sorprendiéndome de la normalidad en los países de destino de nuestros migrantes. Entonces esta anormalidad del confinamiento, será un cuento entretenido, explicar que a principios del siglo XXI nos tomó por sorpresa un virus, que te hacía perder el olfato y el gusto, pero que también acabó con la vida de muchísima gente, que el mundo se paralizó, por más de un año, ojalá que no tenga de aumentar ese número, que se crearon vacunas en los diferentes laboratorios, y que los gobiernos comenzaron a comprarlas para aplicársela a sus ciudadanos, y que los venezolanos, siempre con el alma en vilo, allá y donde estuvieran, sintieron una vez más la agonía de ser excluidos del beneficio de la salud.

Esta historia se me va a complicar, pero igual tendrá sus anécdotas, como la de los confinamientos forzados, llamados elegantemente, aislamiento social, en donde nos obligaban, porque de lo contrario había multas o prisión, a estar en la casa desde un viernes a las 6 de la tarde, hasta el lunes siguiente a las 5 de la mañana, esa es la modalidad en Barranquilla, Colombia, ya van 3 fines de semana de confinamiento, las terapias intensivas de los hospitales colapsando. A la señora que nos ayuda en la casa, le dio Covid, afortunadamente salió bien de su convalecencia, aunque contagiando a sus hijos. Les contaré que a veces nos agarraba el fin de semana del confinamiento, sin haber tomado previsiones, no teníamos pan, resolvíamos con arepas, no había vino, tomamos cervezas, algo había que tomar, era fin de semana. Hicimos parrillas, espaguetadas, postres, mi hermano pedía Rappid muchísimas veces, y les explicaré que el servicio a domicilio masivo, fue una reinvención de mis tiempos, en los que muchísimos venezolanos pudieron conseguir trabajo, un fenómeno sin duda.

Contarles que el Pico y Cédula era un mecanismo para disminuir el intercambio social en los locales, en los días pares salía los impares y al revés, los días pares eran para que salieran los impares. Se utilizaba ese día para salir a comprar o hacer las diligencias pendientes, que nunca faltan. Explicarles que hasta las consultas médicas eran virtuales, y las clases también, que en ese momento yo lideraba un programa para inmigrantes venezolanos en Colombia, sobre la violencia basada en género, teníamos que ingeniárnosla con las actividades previstas para cumplir con los objetivos del proyecto, patrocinado por una ONG internacional, las que se multiplicaron en esos tiempos, para apoyar humanitariamente a los venezolanos. Claro que en el mundo había otros países padeciendo de este tipo de violencia de género, fue algo que hubo que enfrentar desde muchos flancos, lamentablemente la pandemia incrementó más estas violaciones a los derechos humanos.

Contarle a una de mis sobrinas nietas, que pasamos casi un mes sin poder verla, para prevenir cualquier contagio de Covid-19, ya que al solamente sospechar que una persona tuviera el virus, era de rigor mantener la cuarentena en todos los involucrados con el afectado, por lo menos 14 días, y todo el mundo debía realizarse la prueba PCR, así se llamaba el test, y aun dando negativo, había que mantener el aislamiento.

Contarles que había una vez un mundo raro.

Sonia María

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