Recetario de Tías

 

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Jaqueline Du Pré

Disfrutamos  la música,  ¿Cómo no? ¿Acaso hay alguien que no lo haga?

No hace falta  especificar géneros musicales, hablamos de la música en general, cada quien con su gusto.  Para Adriana G la música es utilitaria,  le sirve para bailar , para ponerse “in the mood” para leer o meditar. Para escribir es esencial, para fotografiar momentos, la música le congela escenas imperecederas en la asociación.

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Sonia María tiene una selección musical en su iPod  para cada ocasión, la de cocinar es multisápida, y la de reunirnos es de antología. Carolina…  Carola es otra historia, porque el disfrute que ella tienen con la música es inspirador, no tiene hora, ni ritmo especifico va de uno  al otro,  catando sonoridades, degustando todas las posibilidades. Ama el jazz.

Ani es músico, tiene una relación con las notas diferente, que vibra en una onda que le mueve toda. La música le estremece de cualquier forma, incluso inspirándose con otros músicos. Así comenzó de hecho nuestro encanto  con esta musa  de Ani,  que nos ha arrebatado por días a las 4: Jacqueline Du Pré.

Conocimos a Jacqueline una madrugada cualquiera, en el alboroto sonámbulo que a veces nos ataja.

Ani: Quiero proponer a Jacqueline Du Pré. Su historia. Un enigma. Una mujer complicada, inteligente. Atrevida para su época. Una cellista única. Bohemia. Casada con Barenboim. Nació en los 40.

33b5dbc122b89e243e0b2d4b6672eb03--classical-music-jacqueline-du-preCon esa introducción breve y para nosotras de referencia completa, quedamos enganchadas. De seguido teníamos un primer video de Jacqueline tocando con Daniel Barenboim, pianista, director de orquesta y en su momento su esposo. Verla pasar del piano a la silla, abriendo sus piernas para recibir a su cello y luego sonreír, acomodar su cabello. Fue el mejor anticipo a todo lo que vendría.

Ani es cellista, entiende la historia desde otro punto de vista. Entiende al instrumento, su ejecución. Entiende las manos y el cuerpo de la Du Pré sobre el cello. Hablan el mismo idioma

Ani: Pienso que los apegos influyen en nuestra vida de manera positiva permitiéndonos expresar lo que más nos apasiona, y también de manera negativa a través de nuestros miedos, bloqueándonos inconscientemente a la posibilidad de alcanzar y de encontrar la tranquilidad de estar bien con uno mismo. Esto no es un análisis profundo, es un humilde tertulio a este breve cuento. Simplemente quería comentarlo suavemente, porque cuando se toca un instrumento uno se apega desgarradamente a él y entonces irónicamente lo positivo o negativo queda a un lado. Es un algo indescriptible, es un sentimiento que nadie sabe cómo se llama, bien si lloras, ríes, estás furioso, esquivo, amargado, con contentura. Es el placer, el rescate del espíritu, el éxtasis de ejecutarlo a tu manera. Jacqueline Du Pré murió en el ’87, con tan solo 42 años. Fuera de lo normal. Dominante. Siempre estaba con hombres, despeinada, tenía manos de hombre de hecho. Nunca ha existido una cellista como ella.

Llega un segundo video en el que Jacqueline, en un previo  a un concierto,  comparte con Itzhak Perlman, Pinchas Zukerman y Daniel Barenboim.

Sonia: Sigamos con las manos de la Du Pré. ¿Y el esposo?

Ani: Barenboim

Sonia: ¿Sucumbió a la personalidad de la Du Pré?

Ani: Jacqueline siempre lo eclipsó. A los 27 años le detectaron esclerosis múltiple.

Nadie comento nada más. El tercer video de esa noche nos muestra a una hermosa mujer, con una sonrisa absorbente, un cuerpo atlético enredado al cello y unas manos ejecutando con virtuosismo. Su amor por la música era tan palpable que la energía se siente, a pesar de las pantallas de nuestros teléfonos , a pesar de los años. Ya Jacqueline era nuestra.

A Carolina, las notas que la Du Pré le exprime al cello la subyugan y reacciona enviándonos otro video,  un  Allegro Apasionatto.

Carolina: Cuanta intensidad… ¡que belleza!

Y sabemos que eso lo dice desde la sensación profunda que le produce la música.

Ani: La fuente más antigua con la cual puede hacerse música es la voz humana. Las cuerdas vocales vibran con el aire de los pulmones, mientras más tensas las cuerdas vocales más agudo el sonido y viceversa, y nuestras boca, nariz y cabeza son como cajas de resonancia. La estructura de los instrumentos de cuerda es la misma,  prácticamente, que la de la voz humana. Cuerdas que vibran. De todos los instrumentos de cuerdas, el cello es el que más se acerca a la voz. Existe una justificación melódica por la tesitura. El Violoncello tiene un timbre que hipnotiza, es un instrumento de sensibilidad extrema, de timbre cálido y aterciopelado muy similar a la voz, hay que abrazarlo para poder tocarlo. Cada uno es intérprete de lo que escucha y lo recibe a su manera. Entre ellos, los músicos, se habla como en todo, por supuesto de técnica, de que si este tiene un buen vibrato, que si monté esta obra o aquella, de la mano izquierda, de la derecha, tal director, aquella orquesta, Brahms Tchaikovsky Bartók Vivaldi Mozart Beethoven Wagner Bach, del talento de este o el virtuosismo de aquel… Detrás de tal hermosura que regala cada nota de una soprano, un pianista, percusionista, oboísta, violinista, trompetista, cellista, y pare usted de contar,  hay un mundo que solo se siente si lo ejecutas, un idioma universal que todos lo conocen y lo disfrutan pero no todos lo interpretan y lo hablan, en mi caso una cuerda frotada con cerdas. Yo lo conozco muy bien, realmente no sé cómo lo ejecuté, ejecuto o ejecutaré, realmente no lo sé, me resulta imposible juzgarme para alabarme o criticarme, por supuesto para corregirme sí, aunque corregirme suene parecido a criticarme, pero no lo es. Yo no tengo un violoncello, tengo un amante. Así percibo a la Du Pré con su instrumento.

Adriana : no puedo evitar pensar que de alguna manera  pareces hablarme ya no de la voz y el instrumento, sino de Jacqueline,  de la resonancia de su vida y como soy la menos “musical” de las cuatro, ya estoy buscando algunas imágenes, para mi propia versión de los hechos. Voy a buscar las huellas de Jacqueline,  “the true Hollywood story”.

Sonia: las dejo hacer, la historia ha de ser fascinante.

De la Du Pré sabemos que fue una niña dotada nacida en el seno de una familia musical. Comenzó sus lecciones de música con su madre, quien era pianista y profesora. A los 10 años gana un premio internacional  y a los 12 realiza su primer concierto con la BBC de Londres. Jacqueline estudia con Pablo Casals, con Miroslav Rostropovich, toca en 1965, con 20 años, el concierto para cello de Elgar bajo la dirección de John Barbirolli. Se convierte en una estrella. Y en ese contexto conoce a Daniel Barenboim,  un matrimonio brillante, dos jóvenes promisorios. Sin embargo, en muy poco tiempo ella tiene que retirarse. Se casan en el 67, Jacqueline se retira en el 73. Está el mito, la fama, la gloria y cuando no se puede sostener aparecen las versiones, los otros mitos, historias siniestras sobre su carácter, que no están probadas por otras versiones que no sean las de sus hermanos (que dieron origen a un libro y a una película de poca monta).

du4Los hermanos, incluso, dicen haber escrito ese libro con un ghost writer, que los ayudó un poco. Y en realidad, amigos de Jacqueline con los que he hablado, y armado una amistad por correo, como el director de cine musical Christopher Nupen, que empezó en la BBC y en 68 se independiza, él es el verdadero autor de las películas que existen sobre Jacqueline. Nupen sostiene que los hermanos vieron el filón en el momento en que se celebran los que hubieran sido los 50 años de su hermana, en el 95, cuando se hace una cena para construir un espacio musical en Oxford (ella nace en Oxford). En una noche, recaudan una cantidad de plata increíble. El libro de ellos sale en el 97. Y la película (Un genio en la familia) es del 98. Es una biopic, ese formato donde se destaca algún detalle infame, y se cargan las tintas sobre un personaje. A Barenboim lo dejan como un pobre tipo aguantando a una histérica. Pero por momentos también como alguien que desapareció cuando se dio cuenta que Jacqueline no tenía posibilidad de volver a los escenarios. Es decir, dan a entender que lo que él hizo con su matrimonio fue una sociedad musical y nada más. Esa es la versión de los hermanos. 

Pablo E. Chacón, El Clarin “La prodigiosa vida breve de Jacqueline Du Pré

Una vida profesional rodeada de éxitos. Una vida personal poblada de aparentes contradicciones entre las versiones de unos y otros, casi todas puestas a circular cuando ya la esclerosis limitaba enormemente su vida pública y privada.

du2…me interesaba saber qué pasa con una mujer joven que alcanzó un reconocimiento inigualable, que está en el centro de la escena musical, que era la persona que más vendía, que grababa con los grandes sellos, llenaba las salas de concierto, y de un día para el otro pasa a ser una persona que vive recluida en su casa. Porque no sólo deja de tocar sino que deja de tener contacto con el mundo, encadenada por una enfermedad que le hace preguntarse qué cosa no voy a poder mañana, siendo, además, alguien que sólo estaba preparada para tocar música. Y sin herramientas, sin recursos, tener que enfrentar esta situación. Lo que a mí me interesó reconstruir fue eso: qué pasa con alguien que ha llegado hasta ahí, y de pronto tiene que enfrentarse a la enfermedad y al derrumbe de su propio personaje…salió airosa, se puso a dar clases, empezó a enseñar, a mostrar cómo se usa un cello.

“El mito asediado”, ensayo biográfico de Marcela Croce

Limpios de polvo y paja solo quedan los hechos: su talento excepcional, su pasión al tocar el cello, que  era conmovedora. Una artista llena de energía y generosidad al entregarnos su virtuosismo. La expresividad de sus gestos  contundentes, su mirada, su sonrisa (la apodaban smiling), sus manos y técnica innatos, extraordinarios, espontáneos. Las numerosas interpretaciones de Du Pré que son una referencia obligada en el mundo de la música.

Que en la plenitud de sus 28 años le sea diagnosticada la esclerosis múltiple, es, por decir lo menos, cruel.

Ani: El cello es un instrumento de sensibilidad extrema que puede producir los más delicados matices de timbres y de volumen, su sonido es cálido y aterciopelado. La naturaleza armónica del cello suele ser, enamorada, melancólica hasta triste. Y es así como lo entiendo, lo siento porque tal vez me parezco.

Carolina: también parece ser así para Jacqueline, enamorada, melancólica y hasta triste…

Adriana: una mujer irrepetible, imbatible,  más allá de las versiones de su vida que otros se han dedicado a diseñar cuando ya ella no puede refutarles.

Sonia: me quedo con la Du Pré cautivadora y alegre, que supo transmitir esa alegría de la música. Me quedo con su desenfado y su talento,

Carolina: su talento fue emboscado por la peor circunstancia, pero el virtuosismo de su ejecución  nos hace exaltarnos.

Su última petición antes de morir fue escuchar una de sus interpretaciones. Jacqueline Du Pré fue sumamente crítica con ella misma, pero se sentía particularmente satisfecha con su interpretación del Concierto para Cello de Robert Schumann (Concierto en A Menor Op.129) un concierto que forma parte indispensable del repertorio de este instrumento, grabada a sus 23 años. El 19 de octubre de 1987 Daniel Barenboim puso la grabación para ella y con ese sonido abandono los años dolorosos de su enfermedad.

Nos quedamos con la imagen de Jacqueline abrazada a su cello, refugio y extensión de su cuerpo y el sonido vibrante que supo sacarle a su vida, a pesar de las contrarias y dolorosas circunstancias.

 

Ani O, Adriana G, María Carolina E, Sonia María.