Coalición por Venezuela

Los venezolanos, que convertimos el país en un sentimiento y el arraigo
en la fortaleza que nos une donde sea que estemos.
Valentina Quintero
Descubrir lo inesperado – 225 aniversario de Ron Santa Teresa

Parte I – Coalición por el Gentilicio

Juntar a cien migrantes venezolanos durante tres días en un país de acogida, puede ser hasta pernicioso para los nativos del lugar, pues se exponen a que les monten un país paralelo con todo un ecosistema sociocultural, con sus códigos y costumbres. Claro que, si es en Colombia, la diferencias serían una línea delgada, como la disputa por quién inventó la arepa, así que no habría daños colaterales, la prueba está en que continúan comiéndose tranquilamente su arepa en ambos países.

Precisamente eso fue lo que sucedió en la III Asamblea General de la Coalición por Venezuela en Colombia, en Bogotá. Literalmente éramos, me incluyo con toda responsabilidad, un mundo paralelo en la fría y lluviosa capital de Cundinamarca. El clima no pudo con la calidez que nos embargó durante toda la jornada, unos más abrigados que otros, abundaban los marabinos, pero también se escuchaban los tonos andinos, paseando por los guaros, llaneros, orientales y centrales, y aun así todos teníamos un solo léxico, el venezolano, aunque muchas veces se mezclara con  palabras originarias del país anfitrión, su merced, recocha, tinto, gaseosa, chambonada, pare bola, porque muchas de las según “malas” palabras en Venezuela, en el hermano país se dicen sin reparo, como debe ser.

Volvamos a la Coalición por Venezuela, un evento que le movió el gentilicio a los presentes en el evento, incluyendo a los invitados de Colombia y de otros países, porque la Coalición está representada por todas las organizaciones civiles sin ánimos de lucro, que trabajan a favor de los migrantes venezolanos en el mundo. #SomosLaClave – #SomosCoalición, fueron las consignas de esta jornada, durante tres días se dieron citas las organizaciones de la sociedad civil, en esta oportunidad de todo el continente americano.

Al evento de la Coalición por Venezuela, se presentó Johanna, una joven venezolana, que se fue a Canadá con sus padres a los 6 años de edad, ha pasado su niñez, adolescencia, y parte de su juventud en el país del norte, cursando todos sus estudios hasta ser una profesional, formando parte de la fuerza laboral del país del norte que la acogió, ha sido criada bajo las dos culturas. Y es entonces que decide que quiere ir a Venezuela, para convivir con la familia que le queda por allá, porque desea sentir sus orígenes en carne viva, como reza la canción. Johanna tiene todo un aprendizaje de venezolanidad en Canadá, hasta joropo baila la niña, claro que habla español y también come arepas. Fue cuando le dio porque quería practicar toda su cultura criolla en el lugar de origen, sin que nadie la sacará de ese proyecto. Inteligente como son todas las madres, Irais, la mamá de Johanna, no es la excepción, con las alertas encendidas, porqué quién quiere enviar a la niña de la casa a un país donde hay alarmas para todo. Le propuso a la hija cambiar el viaje para la convulsionada Venezuela, por un paseo a Bogotá, ya que ella tenía que asistir a la celebración del III Asamblea General de Coalición por Venezuela, como miembro de Canadá Venezuela Democracy Forum, le ofrecía, en la astuta propuesta, pasar una semana en Bogotá codeándose con una muestra diversa de venezolanos, todos en el mismo lugar, y Johanna aceptó.

No se equivocó la progenitora de Johanna, ella encontró en esta reunión, ejecutiva en la práctica, un cúmulo de sensaciones, emociones, sentimientos, idiosincrasias y sobre todo mucha venezolanidad, lo que siempre fue su objetivo principal. Esta joven venezolana, es solo un punto de referencia de la coalición de gentilicios que hubo en la Asamblea, es joven, vive muy al norte del continente y estaba ávida de sentir sus raíces. Verla emocionarse a cada momento, desde oír el dialecto criollo en los desayunos, solicitándole a la presta Esperancita, así bautizaron a la cachaca, que servía el café en los desayunos del hotel sede de la Asamblea, quien tuvo que familiarizarse con el marrón, el tetero, el negrito que solicitaban los connacionales. A Johanna le tocó ser del equipo de protocolo, donde encontró es sus compañeras la frescura de la juventud venezolana. Serena y Nicole, tienen tiempo en Colombia dando lo mejor de sí mismas, y no han perdido su tumbao criollo, compartió con ellas la responsabilidad de atender a los compatriotas y a los invitados de otras latitudes, disfrutando de las ocurrencias propias del venezolano, como por ejemplo, la exótica Nicole, haciendo la parodia de “En una noche tan linda como esta”, como Miss Coalición y que emoción, así como zapatear el joropo en el cierre de la actividad, sin contar las cascadas de lágrimas, cuando escuchó el himno nacional , el 2do himno, la sentida Alma Llanera, no se contuvo con el Caballo Viejo, y se sacudió ella y todo los presentes en el salón, cuando Soraya, la Secretaria General de Coalición, entonó “Venezuela”  con su portentosa voz.  Hay que señalar que Johanna vino con todo, con todo, es traerse, junto con sus compañeras de viaje, seis maletas llenas de ropa para el frío, para ser donada entre las organizaciones humanitarias que asistieron a la Asamblea, así fue a parar hasta una localidad de migrantes venezolanos en su mayoría, para hacer labor social.  Guiada por Nidya, la imparable representante de Fundación Charity Colombia, una joven y berraca colombiana que hace parte de tropel de voluntarios apoyando a los venezolanos migrantes y refugiados, el lema de su organización es – yo tengo lo que tú necesitas – no hay doble sentido en la consigna, aunque ella recibe con picardía los comentarios, que sobre todo le emiten los venezolanos, la sentencia de su organización es como un credo para las comunidades vulnerables que Nidya y su equipo atienden. Hasta allí fue a parar Johanna, arriba en alguna loma de la fisonomía geográfica capitalina, prestó servicio voluntario, se ganó el corazón de los niños, se conmocionó una vez más, al final esos episodios no los vive en Canadá, y como reza el dicho, una cosa es saberlo y otra es vivirlo.

No sabemos si fue por andar con Juan y Serena, los Venezolanos en Barranquilla, que se cumplió el clásico costeño – Quien lo vive es quien lo goza – porque hasta la rumba nocturna de la región fueron a parar Johanna y los otros jóvenes venezolanos, responsables en sus regiones, por el voluntariado por sus coterráneos, José en Chile, desde Migración Diversa; William en Brasil, desde Venezuela Global; Manuel desde USA apoyando a los venezolanos en varias regiones de Colombia, desde Manitos Amarillas, son solo algunos ejemplos de la variedad del gentilicio que se encontraba en la Asamblea General. Pero fue con esta representación, con la que Johanna cumplió la máxima – nadie le quitó lo bailao.

Las imágenes para complementar esta historia de coalición por el gentilicio, se pueden ver en Instagram de Johanna – @Johajojo en el reel destacado, Colombia.

Sonia María

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