#ClubDeLectura

Desde el país de la canela hasta el Decamerón

Venía arrastrando desde Barranquilla, El país de la canela, de William Ospino, recomendado por Pilin León, no me enganchó como para devorarlo, pero se dejó colar, tiene un mapa del recorrido de los españoles, descubriendo el nuevo mundo, en busca de tesoros. Narra cómo era la convivencia, entre españoles aventureros y los nativos indígenas, sus diferencias, y sobre todo sus desentendidos por no entender sus lenguas, este libro forma parte de una trilogía del autor colombiano.

Iniciando el año 2020 me anoté en el @clubdelectura20 en twitter, donde se elige un libro mensual por votación, para luego hacer un foro virtual sobre la lectura, creo que hasta marzo, en Ecuador, hubo  oportunidad de reunirse para comentar en vivo las lecturas, todo esto promovido por @alegriacrespo y el @clubdelectura20.

El libro de enero fue El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, al principio me resistía a iniciar la lectura, por aquello de estar muy sensibilizada a temas de represión y confinamiento, y también porque las historias en campos de concentración me perturban desde siempre, pero para seguir con el hábito y con el compromiso del emprendimiento literario, lo leí completo, y fue interesante, sobre todo porque el autor, quien es el protagonista de la historia, uso toda esa experiencia a favor de sus emociones, mente y espíritu, dejando un legado a la psicología con la logoterapia. Tienen que leerlo.

En febrero correspondió leer Días sin ti, de Elvira Sastre, confieso que no es el libro que leería, ni siquiera recomendaría, pero es a mí a quién, los libros de amores sublimes rayando en imposibles, con mucha dosis de sufrimiento no me atraen. Comprometida con la rutina de lectura, lo terminé. En algún momento se acomoda la historia, mi personaje preferido es la abuela, por su sabiduría.

Tripa mistic, de Rafael Lugo, fue la selección del mes de Marzo,  fue demasiado divertida, no podía creer que el autor fuese tan desparpajado  e irreverente con los personajes, quise saber hasta donde era capaz de llegar con los dioses de la mitología, el Dios de los cristianos, el propio Jesús de Nazaret, héroes de la etnia indígena ecuatoriana, que ya no soy capaz de pronunciar, un reguetonero que es coach, y así va desbaratando  dogmas, paradigmas y resolviendo el fin del mundo. Fue una lectura amena, con carcajadas incluidas en varias oportunidades.

Entonces en Abril ya la cuarentena fue inminente, las instituciones culturales, fueron generosas, los autores igual, fueron abriendo portales gratuitos para que el confinamiento no fuese tan oscuro. Leí los maravillosos libros de Diego Arroyo GilLa sal del ayer y La señora Ímber, entrevistas a estas dos damas venezolanas, Margot Benacerraf y Sofía Ímber, de manera respetuosa pero profunda, sacando la mejor información y el carácter dominante de las dos señoras. Tenemos en Multisápidas dos post dedicados a estas insignes venezolanas:

https://multisapidas.wordpress.com/2017/04/15/recetario-tias-marzo/

https://multisapidas.wordpress.com/2019/08/14/el-arte-y-ensayo-de-margot-benacerraf/

Descubrí en abril a Héctor Abad Faciolince, con El olvido que seremos, una narración muy emotiva sobre padre e hijo en un contexto duro por la política de la época y las mafias del narcotráfico local. No haré ningún spoiler porque es de mis recomendados, es como reconocer a la familia, en mi caso me identifique con la relación paterna de Héctor Abad, sin que se parezcan nuestras historias de familia, pero si la admiración y respeto por el padre amoroso que ambos tuvimos.

La casa de los espíritus de Isabel  Allende, fue el seleccionado para los días mayo,  pero como a mí me encantó la película, ya no he querido leer el libro, y por lo general me pasa igual si es al contrario. Como segunda opción en la lista estaba la Fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa, que era uno de mis pendientes, y como me pasan con los libros de Don Mario, si me atrapan en las dos primeras páginas, ya no puedo parar. Me había resistido a leerlo por lo que ya explique, las historias de regímenes totalitarios me perturban.

En Junio, El retrato de Dorian Grey de Oscar Wilde fue el ganador, no me hubiese importado releerlo, pero se me atravesó  A lo largo de los canales, de Colin Dexter, la historia de un asesinato, que el inquieto inspector Morse, decide investigar 30 años después, mientras se recupera en la clínica de un incidente de salud.

Para Julio la historia asignada son Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, me remontan a mi infancia, no he decidido aún si quiero repetirlo, el segundo en la lista es El Decamerón, de Giovanni Bocaccio, que no lo tengo en la memoria, más que por su referencia en las clases de castellano y literatura. Otro día les cuento.

Sonia María

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