Tíos de espíritu libre

Hemos jugado a juntar tías, hemos hablado de parejas, pero hasta ahora no habíamos emparejado a dos personajes cuyo único nexo fue, la libertad de espíritu y el Château de Vincennes.

1740

El espíritu más libre que ha existido”… le citaba Apollinaire, poeta, novelista y ensayista francés. Flaubert lo llamaba “el grande”. André Breton y los surrealistas lo proclamaron “Divino Marqués” y desde 1834 su nombre se convirtió en sustantivo, para designar la excitación producida al cometer actos de crueldad sobre otra persona.

Hablamos por supuesto del Marqués de Sade. Donatien Alphonse François de Sade, filósofo francés y autor de Los crímenes del amor, Aline y Valcour, Justine o los infortunios de la virtud, Juliette o las prosperidades del vicio, Las 120 jornadas de Sodoma y La filosofía en el tocador, entre otras obras. Un escritor prolífico y maldito que pasó buena parte de su vida encerrado en cárceles y manicomios.

Proveniente de una de las casas dinásticas más antiguas de Francia,  sus primeros años serán entre la nobleza, bien con sus padres, o al cuidado de alguien. A sus 14 años,  ávido lector, ducho en esgrima, lenguas y filosofía; amante del arte, especialmente la pintura y el teatro, Donatien entra a la Academia Militar. Con el estallido de la Guerra de los Siete Años, y en sus tiernos 16, Sade es bautizado en rigor, siendo nombrado jefe de cuatro compañías de filibusteros. Cuando cumple 18 años, Donatien ha recorrido buena parte de Europa, ha enfrentado la guerra y se confiesa “…todas las mañanas me levantaba en busca del placer; esa idea me hacía olvidar todo lo demás…os relataré los errores a los que me ha inducido la ilusión de un origen vano del que casi siempre nos enorgullecemos injustificadamente, ya que esta ventaja se debe exclusivamente al azar… creí, desde que tuve uso de razón, que la naturaleza y la fortuna se habían unido para colmarme con sus dones; lo creí porque otros cometieron la estupidez de decírmelo y este prejuicio ridículo me hizo altivo, despótico e iracundo; parecía como si todo debiera ceder ante mí, como si el universo entero debiera atender mis caprichos y como si a mí no me correspondiese más que concebirlos y satisfacerlos.”

1876

Margaretha Geertruida Zelle nació en el seno de un hogar conformado por un negociante holandés y su esposa de origen indonesio. A la inesperada muerte de su madre, su padre suplió la ausencia materna con un cuido excesivo. El espíritu libre de Margaretha evolucionaba. Dotada de gran belleza, de acuerdo a los cánones estéticos de la época, ya desde su adolescencia despertaba las más ardientes pasiones, se dice que uno de sus profesores le propuso matrimonio, y en efecto a los 16 años es expulsada del instituto de enseñanza al que asistía por estar involucrada con su director. A sus esplendorosos 19 respondió el anuncio de Rudolf MacLeod, un militar holandés que buscaba esposa. Con 20 años de diferencia y sin conocerse prácticamente, Margaretha y Rudolf se mudan a Java. Tienen dos hijos, una hembra y un varón, quien falleció a corta edad por envenenamiento. Su muerte supone un duro golpe para Rudolf, quien se dedica a la bebida. Margaretha, estando en contacto con las raíces de su madre, se dedica a aprender las danzas balinesas y otras técnicas de seducción que más adelante serán pilar fundamental del mito creado a su alrededor, y comienza, sin saberlo, a gestar a quien mas adelanta será Mata Hari.

1763

Casado a sus 23 años con una joven noble, en un matrimonio arreglado por su padre, Donatien se instala en Normandía y a tan solo 5 meses de haberse casado, comienza a alimentarse la leyenda  negra a su alrededor. Es arrestado y encarcelado por libertinaje y el creciente rumor acerca de un manuscrito  de su autoría. Meses más tarde se produce su segundo encarcelamiento, el escándalo de Arcueil. El parte policial dio cuenta de cómo el Conde de Sade – que prefiere usar el título de Marqués – levanta a una prostituta en la Plaza de Las Victorias, Rose para más señas,  a quien en la fogosidad de la noche aparentemente azota. De ello dan fe las compañeras de negocio de Rose y un médico que examina a la muchacha. Aunque todos se retractaron de lo dicho en el juicio contra el Marqués, las declaraciones deformadas y amplificadas lo mostraron como un hombre disoluto que abuso de una mendiga. Sade pasó 7 meses en prisión. Así comenzó el estigma en torno a su nombre – no sin algo de colaboración de su parte-.

Cuatro años después es sentenciado a muerte por sodomía, en lo que se conoce como el caso Marsella. El parte policial dio cuenta de una orgía con varias prostitutas a las que Sade suministro unos caramelos, con un elixir catalogado luego como veneno. Renée, su mujer,  quien le defendió por mucho tiempo, le instó a huir. Sade pasará largas temporadas entre Italia, España y su propio Castillo en La Coste. Pero finalmente no puede esconderse de su más encarnizado enemigo, su suegra, quien logra hacerle detener en 1777, aprovechando su regreso a París por la muerte de su madre…”De todos los medios posibles que la venganza y la crueldad podían elegir, convenid, Madame, en que habéis elegido el más horrible de todos”. (Carta de Sade a Madame Montreuil, su suegra, desde Vincennes, 1777).

Recluido en el Château de Vincennes por 7 años, los primeros 4 sin derecho a visita alguna, mantendrá en todo momento correspondencia con su esposa Renée, quien no descansa en su esfuerzo por liberarlo o incluso ayudarle a evadirse de tal encierro. Ella será quien le suministre comida, ropa y libros, además de leer y opinar sobre sus escritos entre ellos la primera versión de Justine. En 1784 es trasladado a la Bastille, donde permanece hasta 1789.

1902

Margaretha, Rudolf y Louise Jeanne, la segunda hija del matrimonio, regresan a Ámsterdam, donde la pareja se divorcia. Rudolf se queda con la niña y Margaretha se muda a París. Tras inicios poco auspiciosos como modelo de desnudos, decide explotar sus rasgos físicos extraordinarios y los talentos para la danza, y otros menesteres, cultivados en las Indias Orientales. Asumiendo la personalidad de una Princesa de Java, se presenta al mundo entonces como Mata Hari: una bailarina exótica en espectáculos en los que lentamente  se desprendía de sus ropas – a excepción de sus pechos que aparentemente nunca mostró en público – en funciones que se agotaban y causaron revuelo, y una cortesana, cuyos favores sexuales llegaron a la nada despreciable suma de 1.000 francos la velada – unos 600 euros en la actualidad – . De allí sus extraordinarias relaciones con militares, políticos y diplomáticos.

En 1914, con el estallido de la Primera Guerra Mundial y la conmoción apoderada de Europa, aceptó pequeños encargos, de algunos de sus relacionados, para hacerse de información valiosa, de bando y bando. Ya la edad le hacía limitar sus presentaciones en público, no era tan rozagante como debía, ni su cuerpo tan ágil como pretendía. Privilegió sus funciones de cortesana, sobre las del espectáculo y aceptó la doble vida que se le proponían,  convirtiéndose en la espía H-21.  Tan pronto se hallaba en Berlín, siendo la amante del jefe de la Policía, como aparecía en Holanda, residiendo en el Hotel Victoria de Ámsterdam; o en Francia, o en Madrid.

Es una época confusa, donde muy enamorada se relaciona con un soldado ruso y trata, inútilmente de recuperar a su hija. Europa en guerra exige a todos adaptarse para sobrevivir. Los servicios secretos de Francia, Alemania e Inglaterra aseguraban tener pruebas de sus diligencias como espía; ciertas comunicaciones dirigidas al agente H-21, e interceptadas, coinciden con los movimientos realizados por Margaretha. Pruebas concluyentes nunca existieron y Mata Hari mantuvo su verdad hasta el último momento… “¿Prostituée? ¡Oui!. Mais un traître ¡Jamais!”.

Declarada culpable de espionaje en Francia,  fue ejecutada por un pelotón de fusilamiento el 15 de Octubre de 1917, en el Château de Vincennes. No permitió que se le vendaran los ojos, ni se le amarrasen las muñecas. Se dice que lanzó besos de despedidas a sus ejecutores, 12 jóvenes soldados que solo atinaron 4 disparos,  uno fulminante, directo al corazón.

Fusilamiento de Mata Hari

1790

Libre a los 51 años, Sade se halla en pésimas condiciones físicas.  Apartado de Renée, quien ante la precariedad de su situación ha buscado refugio en su madre y le impide ver a los hijos, el Marqués está arruinado a causa de su divorcio –uno de los primeros sancionados por la Revolución Francesa – y solo. Sade deberá integrarse a una nación convulsionada. Vuelve al mundo del teatro y logra reinsertarse poca a poco en la Francia revolucionaria. Conoce a Constance, quien le acompañara hasta el final de sus días y se hace ciudadano activo de la revolución, escribiendo varios discursos, incluido el del funeral de Jean-Paul Marat. Tras una actividad frenética en las cuestiones de la república, dimite, agotado y terriblemente asqueado del rumbo de la revolución. Semanas después, sin causa aparente es nuevamente detenido, su encierro dura un año y es condenado a muerte en la guillotina,  de la que se salva casi milagrosamente.

Aunque trata de vivir del teatro, él y  Constance se encuentran en la completa indigencia. En 1801 y a causa de su obra Justine es encarcelado nuevamente en una terrible institución donde cohabitan por igual dementes, prostitutas y delincuentes. Tanto Renée, como sus hijos, conmovidos por su situación, logran que sea trasladado a Charenton, donde se le diagnostica demencia libertina, y se le condena. La familia logra las mejores condiciones y Constance puede visitarle siempre. Arma nuevamente su brillante biblioteca, escribe incansable y se le permite, con notable éxito, formar con sus compañeros de celda una compañía de teatro. Sade permanece recluido en Charenton hasta su muerte.

2019

Dos tíos de una notable conciencia personal y corporal,  adelantados a sus respectivas épocas, en términos de independencia de criterio. Sade es un precursor del existencialismo que vendría décadas después. Aquejado por una realidad de deudas, encarcelamiento, fugas y amoríos, contrapuesta a una crianza noble y de privilegios, eligió lo imaginario y encontró en el erotismo el medio para ello. Sade fue un hombre en extremo pragmático, ateo y aferrado al principio del egoísmo integral – según el cual cada quien debe hacer lo que le plazca, y nadie tiene otra ley que la de su placer -. Un principio vinculado a la soledad absoluta de la persona. Sus obras y reflexiones sobre la igualdad y la libertad personal fueron ampliamente reconocidas por los escritores que le sucedieron.

Mata Hari sigue siendo descrita con pinceladas de leyenda, obviando al ser humano que configuró su destino a través de un  personaje, creado para la supervivencia,  en el espectáculo de la vida y la miseria humana.

Reflejos de su momento histórico,  tanto Sade, como Mata Hari  se adaptaron al mundo que les circundaba y con ironía subvirtieron la realidad para lograr sobrevivir.  A pesar de la censura y las especulaciones sin fecha, sus vidas siempre serán tremendamente originales, y con independencia de nuestro juicio moral, sus historias permanecerán como la de dos espíritus libres.

Adriana G.

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