Las mujeres de nuestras vidas

Ser nosotros mismos nos causa ser exiliados por muchos otros. Sin embargo, cumplir con lo que otros quieren nos causa exiliarnos de nosotros mismos.
Mujeres que corren con los lobos.  Clarissa Pinkola Estés

imagesLa sabiduría popular reza: hija e ‘culebra nace picando. Hijo de gato caza ratón. La crianza que recibimos deja huellas en nuestro carácter y comportamiento. Las tradiciones y costumbres con las que crecemos definen nuestros usos y cotidianidad con señas que incluso repetimos sin darnos cuenta.
Si algo tienen en común la Tías de esta edición, nuestras madres,  es haber nacido en una época en que aunque la independencia femenina despuntaba, era mucha la batalla para alcanzar identidad y voluntad propia. El “deber ser” siempre resulta en una camisa holgada y fresca para algunas, de fuerza para otras.

Nosotras compartimos madres que forzaron la barra, madres poco dadas al molde, madres negadas a un solo rol; mujeres, amas de casa, trabajadoras y, aun hoy capaces de combinar sus canas con una independencia que defienden a rajatabla. Un derecho a ser,  más allá del “deber ser”. No son super mujeres, tanto a ellas como a nosotras nos da caspa-alergia ese concepto errado de la mujer super dotada que todo lo puede y todo lo alcanza. A cada cosa su tiempo, a cada tiempo su ritmo. Mujeres adaptables, tías resueltas en varias materias, damas inteligentes y creativas; esposas, viudas o divorciadas, siempre dispuestas a  aprender, superarse, fallar, rendirse y comenzar otra vez.

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Tías que han mudado de estado civil, casa, ciudad, condición económica y laboral. Jubiladas  de quehaceres tediosos siempre, cuando les ha dado la gana.

Las mujeres latinas en general, que venimos de una muy arraigada cultura matriarcal, donde la que organiza, prepara, atiende, abraza, castiga y celebra es preponderantemente la madre, tenemos un acervo de conductas y rebeldías que bien merece la pena resaltar. Nuestra reserva de anécdotas familiares, plagadas de referencias, constituyen las bases de dan forma a ese carácter autónomo, colorido, lleno de habilidades y recursos.

Carolina E. y yo compartimos una abuela divorciada, algo atrevido para su época, y vuelta a casar,  con un musiú con quien a sus 40 y piquito de años, después de 4 hijos, de su fallido primer matrimonio,  hizo por primera vez el amor desnuda. Una abuela extraordinaria que aun preservando las tradiciones y buenas costumbres con las que fue criada, supo disfrutar cada momento de su vida, sin menoscabo del buen ejemplo que quería transmitir a sus  hijos. Compartimos madres/tías que nos han regalado ejemplos de integridad y fortaleza cada día de nuestras vidas, con una dulzura y entrega que aun hoy nos cobija a  hijos y  nietos.

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Sus vidas van más allá del registro amoroso, van de como asumieron sus vidas, con y sin compañía, poniéndoles a sus historias grandes dosis de autenticidad y criterio. Asumiendo decisiones, desencuentros y alegrías. Somos herederas de un hilo maravilloso que nos envuelve y protege,  que nos ha permitido ser, también, totalmente soberanas en nuestras vidas. Una herencia maravillosa que estamos pasando a nuestras hijas, con orgullo pero sin obligación, con la resuelta idea de que cada quien hace su propio camino, pero contando con un mapa de navegación lleno de sabiduría e intuición.

Honro a las mujeres de mi vida cada día, de ellas me nutro y en ellas me cobijo, son  una fuente inagotable de pasión, creatividad, resolución y coraje.

Adriana G.

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Panelas de San Joaquín y Acarajé de Bahía

Continuando con la honra a las mujeres de nuestras familias, definitivamente no hay moldes para ellas. Mis abuelas a su manera y en su distancia tenían sus similitudes, mi abuela materna era de Salvador de Bahía en Brasil y la paterna era de San Felipe, Estado Yaracuy. ¿Quién les iba a decir que años después sus hijos se encontrarían en Río de Janeiro para formar su descendencia? nadie. Primero porque estoy casi segura que mi vovó, así se dice en portugués abuela y así vamos diferenciándolas, no pensaba en un país al norte de Suramérica llamado Venezuela, ni siquiera sé si lo consideraba en sus fantasías viajeras, porque alguna tendría, y fue lo más lejos que llegó, a este hermoso país para visitar a su hija y a sus nietos. Antes se establece en Río de Janeiro, donde la abandono el vovô, mi abuelo paterno, el acento es distinto, ah buen enredo, no crean que para mí fue fácil, en realidad el vovô lo que fue es un bobo, dejando a la esposa sola con sus dos hijos. Esto no amilanó para nada a la bahiana, quien se creció y echo pa´ lante, en portugués sería pra frente, a sus dos muchachos, mi tío un abogado prestigioso de la otrora línea aérea Varig, lo que contribuyó tiempo después a que la vovó viajara con mucha frecuencia al país del norte del continente, una vez que mi mama se casara con aquel estudiante de arquitectura, exiliado por la dictadura de Pérez Jiménez.

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Mientras tanto mi abuela paterna en alguna parte del país bolivariano se hacía mujer, estoy segura que desde muy jovencita, acompañando a su madre en el quehacer de troperas de la independencia. Actualmente con la reivindicación de Juana la avanzadora estoy segura que aquel susurro entre los nietos de – nuestra abuela era tropera – sería hoy un grito a viva voz. El caso es que mi abuela hizo su vida, fue una de las queridas de un señor tal, en el olvidado pueblo de San Joaquín del Edo. Carabobo, a quien le parió 4 hijos, todos llevan el apellido de mi abuela, honrosamente. Me imagino yo, que un día el tal señor ya no le vio el encanto a mi abuela y la dejo, porque en esa época a las mujeres las dejaban. Mi abuela al igual que mi vovó tampoco se amilanó, crió a sus cuatro muchachos, y le quedó tiempo para juntarse con mi abuelo, diez años menor que ella, un mozo ingeniero de Turmero, Estado Aragua, a quien le dio un hijo, mi padre. Mi abuelo, quien no fue un bobo, acogió a su mujer, no le importó su pasado porque le fue más interesante el cuerpazo de la india erguida aun en sus carnes, echándose en contra  los apellidos de su reconocida familia, le crió a los hijos del otro y tuvo su heredero. Ese es mi padre, al que tuvo que sacar del país por cabeza caliente, haciendo el recorrido del Libertador por Colombia, Ecuador, Bolivia, viendo mi abuelo que a mi padre no se le enfriaban las ideas, decidió enviarlo a tierras más calientes a ver si se chamuscaba y sentaba cabeza. Fue entonces en la “cidade maravilhosa” de Río de Janeiro donde se encontraron “el acarajé”, mi mamá, y la “panela de San Joaquín”, mi papá.

imagesDe este ejercicio de ancestros solo puedo concluir que esta mistura dio consistencia, que muchas veces veo en las actitudes, en las acciones de los miembros de esta familia, la esencia batalladora y a la vez simple de la vovó y la abuela con todas sus consecuencias. Mis abuelas creían en el vínculo de la familia y a su manera, quien soy yo para juzgarlas, lograron esta descendencia.

Como dice Adriana – ¿Quién con esa herencia encaja en un molde? Orgullosamente decimos: ¡nosotras no!

Y haciendo de las letras de Adriana un mantra para transmitírselo a mis hijos y a mis nietos:

Honro a las mujeres y hombres de mi vida cada día, de ellos me nutro y en ellos me cobijo, son una fuente inagotable de pasión, creatividad, resolución y coraje.

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Receta del Acarajé

Ingredientes:

Medio kilo de frijoles
Medio kilo de camarones pequeños, pelados y cortados
Harina (una pizca)
1 cebolla grande picada
Sal a gusto
Pimienta a gusto
Aceite
Preparación:

Lo primero que deben hacer es dejar reposar durante una noche entera los frijoles. Al día siguiente, una vez ablandados, se deben lavar en agua bien fría y escurrirlos. Luego con las manos, frotarlos hasta extraerles la piel.
Tomar una licuadora y realizar un puré con ellos añadiéndoles un poquito de agua hasta obtener una masa espesa. Adicionar la cebolla picada, sal, pimienta y una pizca de harina.
Encender a fuego suave un sartén con el aceite vegetal. Ir echando porciones pequeñas de la masa. Para este paso, pueden ayudarse con una cuchara y, luego si, dejar dorarlos durante unos 5 minutos. Sacarlos y colarlos sobre un papel absorbente.
Para la presentación, servirlos en un plato y espolvorearlos con un poquito de pimienta por encima.
Estas cantidades son para cuatro comensales y el de preparación es de aproximadamente 30 minutos.

Sonia María

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