La palabra indispensable: Rafael Cadenas

Para hablar del maestro Rafael Cadenas, la única biografía posible es la de su palabra, la de su poesía indispensable, recorriendo hermosa el devenir de nuestro país. Este guaro (gentilicio de los nacidos en Barquisimeto- Lara), llegó con los días de abril de 1930, y combinó la poesía y la actividad política como fe de vida. Fue preso político y exiliado; traductor, ensayista y profesor universitario. Pero siempre, siempre poeta.

Una isla

Si el poema no nace, pero es real tu vida,
eres su encarnación.
Habitas
en su sombra inconquistable.
Te acompaña
diamante incumplido.

Sus libros, de poesía y prosa: Una isla,  Los cuadernos del destierroFalsas maniobrasMemorial, IntemperieGestiones y Amante, Realidad y Literatura,  En torno al lenguaje, Anotaciones,  DichosApuntes sobre San Juan de la Cruz, están recogidos en Obra entera, del Fondo de Cultura Económica (México) y de la Editorial Pre-textos (España). Hay también una Antología, publicada por la Editorial Visor (España) y traducciones de sus poemas en francés, italiano e inglés. Las traducciones realizadas por el maestro Cadenas,  de varios de sus poemas,  están  en  El taller de al lado,   de la Editorial Bid&co (Caracas, Vzla).

¿Quién es ese que dice yo
usándote
y después te deja solo?

No eres tú,
tú en el fondo no dices nada.

Él es sólo alguien
que te ha quitado la silla,
un advenedizo
que no te deja ver,
un espectro
que dobla tu voz.

Míralo
cada vez que asome el rostro.

Del Libro  “Gestiones”

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En diferentes entrevistas y ponencias ha manifestado  la importancia de la veracidad a la hora de crear, la necesidad de sentir correspondencia entre lo que la palabra expresa y lo que se siente, y  ello precisa vigilancia.

14447285162473Cadenas siente fascinación por la realidad. Curioso por naturaleza se interesa por el estudio de la filosofía, la psique y el ego; el Budismo Zen, el taoísmo y el hinduismo. Así mismo se interesa por los nacionalismos, las dictaduras de cualquier signo y las ideologías. Activo y crítico de las actuales circunstancias de Venezuela,  defiende la democracia, la pluralidad y civilidad como garantes absolutos de las libertadas básicas del ser humano.

El maestro Rafael Cadenas ha recibido el Premio Federico García Lorca de Poesía (2016), el Premio de Literatura en Lenguas Romances de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (2009), el Premio San Juan de la Cruz (1992) y el Premio Nacional de Literatura (Venezuela), entre otros. Hace un año recibió de manos de la Reina Doña Sofía de España, el premio que lleva su nombre, El Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Al recibir el premio manifestó  en su discurso:

“Hay palabras tan principales, como aquella, por ejemplo, libertad, justicia, democracia, civismo, honestidad; las cuales cuando se ausentan de un país tornan muy difícil para sus ciudadanos el hecho de vivir realmente. Esas palabras, además, deben corresponder a lo que designan, sino habría que recurrir a lo que Confucio llamaba rectificación de los nombres, que se asemeja a nuestra adequat. Es que en Venezuela nos urge instaurar la normalidad, que solo puede ser democrática. Pero no voy a adentrarme en este punto porque no es la ocasión de hacerlo…

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…Quisiera sí señalar la importancia del lenguaje en el ejercicio de la política. Tiene la enorme tarea de enfrentarse a la neolengua de todo totalitarismo, un peligro para los seres humanos porque los vuelve absolutamente dependientes del Estado… En una entrevista dije que la palabra crisis aplicada a Venezuela es un eufemismo. Nuestra situación es algo que va más allá de la crisis. Es de salida muy difícil. Termino con una observación tal vez oportuna. Creo que los nacionalismos son abominables. Traen odios, conflicto, guerra. Ojalá aprendamos y optemos por la amistad entre las naciones.”

A propósito de su estancia en Madrid, para recibir el reconocimiento, Rafael Cadenas presentó la antología  No es mi rostro, que  recorre su obra poética desde 1946 hasta la actualidad.

Ars poética

Que cada palabra lleve lo que dice.

Que sea como el temblor que la sostiene.

Que se mantenga como un latido.

No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni

añadir brillos a lo que es.

Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad.

Seamos reales.

Quiero exactitudes aterradoras.

Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis

palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.

Si no veo bien, dime tú, tú, que me conoces, mi mentira, señálame

la impostura, restriégame la estafa. Te lo agradeceré, en serio.

Enloquezco por corresponderme.

Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.

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En una entrevista reciente para el portal El Estímulo  dijo: “La vida no puede reducirse solo a una cola, a un golpe de adrenalina para montarse en el metro o en autobús. La vida es mucho más que esa condición de animalidad a la que nos quieren conducir. Me encantaría que la gente leyera, las bibliotecas están a la disposición, son gratis, están abiertas. No tenemos que reducir la vida a sobrevivir, si lo que nos ayuda a vivir es precisamente el arte, la poesía, la imaginación, el pensamiento. Tienes necesidades básicas pero también tienes debes formar otras: arte, música, poesía”.

Lo que no digo me persigue
se instala en el día,
lo corroe.
Ácido que iba a ser tinta
me azuza hacia adentro
donde se hastían mudeces.

De “Poemas selectos”

Derrota

Yo que no he tenido nunca un oficio
que ante todo competidor me he sentido débil
que perdí los mejores títulos para la vida
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)
que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos
que me arrimo a las paredes para no caer del todo
que soy objeto de risa para mí mismo
que creí que mi padre era eterno
que he sido humillado por profesores de literatura
que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada
que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida
que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo
que tengo vergüenza por actos que no he cometido
que poco me ha faltado para echar a correr por la calle
que he perdido un centro que nunca tuve
que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo
que no encontraré nunca quién me soporte
que fui preterido en aras de personas más miserables que yo
que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado en mi ridícula ambición
que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo
(“Ud. es muy quedado, avíspese despierte”)
que nunca podré viajar a la India
que he recibido favores sin dar nada a cambio
que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma
que me dejo llevar por los otros
que no tengo personalidad ni quiero tenerla
que todo el día tapo mi rebelión
que no me he ido a las guerrillas
que no he hecho nada por mi pueblo
que no soy de las FALN y me desespero por todas esas cosas y por otras
cuya enumeración sería interminable
que no puedo salir de mi prisión
que he sido dado de baja en todas partes por inútil
que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno
que me niego a reconocer los hechos
que siempre babeo sobre mi historia
que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento
que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo
que no lloro cuando siento deseos de hacerlo
que llego tarde a todo
que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas
que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable
que no soy lo que soy ni lo que no soy
que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas
haya sido humilde hasta igualarme a las piedras
que he vivido quince años en el mismo círculo
que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado
que nunca usaré corbata
que no encuentro mi cuerpo
que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme,
barrer todo y crear de mi indolencia, mi flotación,
mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente
me suicido al alcance de la mano
me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros
y de mí hasta el día del juicio final.

 

Adriana G.

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