Nuestro realismo trágico y Almudena Grandes

933848555-lapiz-bloc-de-notas-estudiar-coleccion-petar-neychevHe dado vueltas al papel, he dado vueltas al bolígrafo y aun escribiendo este comienzo me da vueltas la cabeza pensando en si vale la pena tomarme el tiempo de escribir algo sobre el displicente artículo de Almudena Grandes.

https://elpais.com/elpais/2019/03/22/eps/1553265797_685801.html?fbclid=IwAR1WMMF3MS2vzNxGnsk7hi1AQVadx-5AEth08LFgHwwK6crAnuVN03D0arE

Nuestro realismo trágico, un término que leímos por allí a propósito de la bizarra realidad venezolana, me confronta nítidamente con la respuesta: no, no merece la pena responder, y por ello respondo.

Primero debo reconocer que nada he leído de la obra de Doña Almudena, pero hice un amago de empatía ante su “verdad alternativa”, intento que Sonia M. atajó rápidamente precisándome que la Sra. Grandes es articulista; entonces empezamos mal Doña Almudena, porque el ejercicio de su profesión  le obliga a la sindéresis, a la riqueza de datos y fuentes, al contraste y la confrontación de hechos para, a partir de allí, contextualizar y crear su marco de referencia, que siempre tendrá, lo entendemos, su parcela, pero que atendiendo a su profesión debe ser lo más despejado posible de, como decimos en criollo, polvo y paja.

Dejando claro esto no puedo entender su reclamo por una información sectorizada,  que tiende a un lado o a otro, porqué y cómo hacemos ya no con su ejercicio profesional, sino con su oficio de escritora, donde es imperativo indagar, leer y releer, mapear y escribir; cómo hacemos con el imperativo humano y empático, con la necesidad de ser humilde y respetuoso de la realidad que nos es ajena, omitiendo cualquier tufo a afectos  políticos y/o ideológicos, para hallar no solo la verdad, sino tener una opinión seria, si queremos opinar y callar si se nos hace difícil dilucidar.

Doña Almudena sobrevuela, en su desafortunado escrito sobre la situación venezolana,  desde frases babosas como “no recuerdo haber leído en ninguna parte un relato fiable sobre lo que ocurre”,  y resbala por una crisis humanitaria, sin precedentes en la región, tan  real y miserable como el poder que la propicia, con un modoso “ y tal vez es culpa mía”, para caer en un displicente, insisto, y falso reclamo  de “acceso a las versiones partidistas de la población de Venezuela”, con lo cual queda ahogada, de manera irremediable en una sentencia pobre y falta de toda consideración  “a una situación como esta difícilmente se llega por los errores de uno solo”, como si esto fuese un problemilla de pareja, donde ambos dan su versión de una historia, que ciertamente no esta falla de dificultad, pero que ha sido amplia, pública, notoria y grandemente documentada por profesionales de diversas índoles, cada uno desde su experticia, dejando constancia de las lamentables condiciones de un país quebrado en lo social, económico, político, institucional, etc.

Uno espera finalmente que ataje cuando menos el tema de la desinformación que propone, de la fuente confiable y los datos ciertos, que exija su derecho a más detalle para,  a partir de allí tener una posición más objetiva, que ahonde en su deseo de tener más claridad acerca del panorama venezolano, por qué no le merece credibilidad toda la información que hay, pero, desolados,  llegamos a un parrafito triste y final donde se blablasea comemierdamente el realismo trágico que nos consume, que padece una nación entera, para rematar con la especie “porque me gustaría saber la verdad, la única, la otra, la de siempre”.

 

img_20190403_193038-1090814750.jpgNo le respondo Doña Almudena porque en un mes exacto calendario he tenido en promedio 2 días completos de electricidad, con todo lo que implica a nivel de comunicaciones, seguridad, salud, educación,  y pare de contar, de manera que el tiempo que me ocupa responderle no acarreo agua, no cargo el celular, no aprovecho la electricidad para adelantar cualquier oficio y prever el próximo apagón, o porque en ese tiempo puedo bañarme con un botellón de 5 litros, mientras lloro y dejo escapar las cuitas de 20 años de insidia acumulada. Me tomaría aún más tiempo contarle como se implementó, con alevosía,  el desmantelamiento de un país y su ciudadanía, su futuro, progreso y oportunidades, y esta no es una verdad alternativa, es el día a día de millones de venezolanos que debemos lidiar con la precariedad de servicios y suministros esenciales para la vida. Es mucho tiempo para alguien que en resumidas cuentas no parece buscar una verdad, sino una versión cómoda y digerible para permear su conciencia y adherirse a ella,  sin el esfuerzo de contextualizar las hondas e indiscutibles verdades,  expuestas por muchos con holgura y hasta la saciedad.

 

Adriana G.

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