El libro que somos, la historia que nos narra: ni tan cheveres, ni tan iguales.

Posted on Actualizado enn

libros

Ni tan cheveres ni tan iguales

 

“Jorge Luis Borges  decía que uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído. Por otro lado, es fácil que lo que se ha escrito se convierta en jerga cotidiana cuando sus autores trascienden la temporalidad  que se rige por tiempos y espacios… la trascendencia de estos escritores y sus obras es tan extensa que las asociaciones se vuelven usuales y se adhieren al lenguaje para designar una realidad”.  Rohmy Cubas. theobjective.com

horrible1Continúa el artículo aludiendo esos términos “epónimos” que se han convertido en jerga y trasciende la palabra escrita para denotar un hecho, una cualidad, una circunstancia, aquello que el escritor plasmó, que la realidad tomo para sí y la historia administra. Una situación kafkiana, una lucha quijotesca, un gobernante maquiavélico, el sadismo, lo rocambolesco y así…

Más allá del “epónimo” esta la realidad que se vierte en las letras y viceversa. La historia que,  cíclica, se reproduce en imprentas y vida para caracterizarnos, mostrarnos y ojala asumirnos y conocernos.

Portada Ni tan chéveres DEF OUTEn este momento escribo sentada frente a un ventanal, una brisa fresca y levísima se filtra por las hojas de los jabillos que tamizan la luz de la mañana para quitarle su picor deslumbrante. Oigo una música estupenda – ¿la guitarra de Aquiles Báez, la voz de Magdalena Kožená, el piano de Gabriela Montero, el violín de Nigel Kennedy, la voz de Simón Díaz?– y la vida parece estar en paz. Me siento muy bien, claro. Pero esta consonancia entre estado personal y entorno no es permanente en nadie y, desde luego, para mí sería complicado si me preguntasen si soy feliz en términos de ser venezolana y vivir en la Venezuela actual. Dudo mucho que este sea «el mejor país del mundo», tampoco creo que el peor, pero la felicidad colectiva en un país con un sinnúmero de problemas no deja de llamar la atenciónen Venezuela ser «amargado» desprestigia. Andar con cara muy seria no es bien visto entre nosotros… ¿Felices? Paso de largo frente a fenómenos como la inflación, la inseguridad, la pobreza, el desempleo, el desabastecimiento, la polarización política, la violencia doméstica y la paternidad irresponsable. Somos felices y punto… ¿Realmente somos así? ¿No será esta parrafada una muestra de esa curiosa oscilación nacional entre el todo y el nada? ¿Entre el somos lo peor y somos lo máximo?

… Hombres y mujeres estamos obligados, eso sí, a abrevar en las aguas del chiste permanente, la risa, el «epa panita», «dimemiamor» y el «mami», más divertidos que los «doña», «don» o «maestro», calificativos temidos por «la juventud prolongada», ese espacio que va entre los treinta y los cien años. Las mujeres nos tenemos que esforzar por estar bien buenas, ser magníficas madres, dicharacheras, bailadoras, poco discutidoras (la «malcogida», la «histérica» y la «vieja loca» son mal vistas) y siempre dispuestas a ceder. Los varones deben ser zumbados, amigueros, bien vestidos, con vehículo (carro, buseta o moto), tremendo equipo de sonido, eternos buscadores de «culitos» y querendones con su mamá. Obviamente no cabemos todos en estas características y las mismas varían de acuerdo a región, sector social, etnia, religión, educación, intereses y personalidad, pero el molde cultural está allí, en las frases repetidas mil veces, «el mejor país del mundo», «somos chéveres», «el venezolano es solidario», «de todo hacemos un chiste», «lo mejor que tenemos es el humor», «somos iguales»: la descripción perfecta del presidente Chávez antes de convertirse en dios a raíz de su enfermedad y muerte. Somos vida y más na’, cervecita fría, pasapalo de bolsa, televisión prendida, culitos bonitos (sí, a las mujeres se les llama culos), presidente cantando y echando chistes en cadena nacional”. Gisela Kozac Rovero. Ni tan chéveres, ni tan iguales. Ediciones Punto Cero.

 

giselakozakrovero
Gisela Kozac Rovero

Las páginas de este libro, que recoge 14 ensayos de la autora, nos presenta un análisis de las posturas del venezolano respecto a la felicidad, el espejismo de ser chéveres, del buen humor permanente, el chiste como código vinculante, la reverencia a la belleza, la juventud y otros gestos, conductas y costumbres que tienden a caracterizarnos. Frente a un estado que uniforma y masifica, niega realidades y se afinca en mitos y leyendas, Gisela Kozac reivindica la necesidad de hallarnos en nuestras divergencias e incluso en nuestras miserias, rescatar lo positivo de nuestros valores y conductas y aceptar que no somos ni tan chéveres ni tan iguales, como pretendemos. Con un tono entre el humor y lo mordaz la autora se hace eco de aquellas conductas que hemos impreso en nuestro ADN, por fuerza a veces, por costumbre otras, por ósmosis algunas. Códigos, habla y conducta que en mas de una ocasión enmascaran otro código, otro comportamiento generalmente mas autentico y visceral, como por ejemplo asumirnos igualitarios en condición social, para aterrizar en la realidad aplastante de que no nos reconocemos ni como iguales, ni con los mismos derechos.

 

Sobre ese falso igualitarismo que plantea Gisela Kozac, y de vieja data, escribe Inés Quintero, en “El hijo de la panadera” (Editorial Alfa).

 

El hijo de la panadera“El 25 de enero de 1771, Francisco de Miranda abandona Venezuela y se embarca en la fragata Prince Frederick de bandera sueca con destino a España. Dos meses más tarde, el 28 de marzo, cumplirá 21 años.

No parece una coincidencia que la decisión de Miranda de marcharse a Europa ocurriera poco tiempo después del incómodo y escandaloso incidente promovido por los criollos principales de la capital contra Sebastián Miranda, su padre, en abril de 1769El 16 de abril de aquel año, el gobernador y capitán general José Solano y Bote había convocado a una ceremonia a fin de instalar las compañías de milicias de la ciudad, organizar sus respectivos batallones y designar a sus oficiales… Al día siguiente en casa de Juan Nicolás Ponte, nombrado comandante del batallón de blancos en la ceremonia del día 16, se reunieron la mayoría de los oficiales que habían recibido nombramientos aquel día y acordaron dirigir un memorial al capitán general para expresarle que, si bien no tenían la intención de excusarse de cumplir con el real servicio, no estaban dispuestos a aceptar los empleos otorgados si no se excluía a Sebastián Miranda como oficial del batallón de blancos. La negativa obedecía a que todos ellos pertenecían a las primeras esferas de la ciudad y eran descendientes de sus más ilustres pobladores; en consecuencia, no podían alternar con un individuo de inferior calidad, que notoriamente ejercía el oficio de mercader y que, como tal, estaba casado con una panadera…Todos reiteraban el mismo argumento: no estaban dispuestos a alternar en el batallón de blancos con un hombre tan bajo, que tenía tienda abierta de mercader, que estaba casado con una mujer de baja esfera, sin ninguna estimación y que, además, ejercía el oficio de panadera. Lo que les molestaba de manera más visible era que pudiese valer lo mismo ser un plebeyo isleño de Canarias, cajonero y mercader, hijo de un barquero, que ser caballero, noble, cruzado y aun titulado como lo eran, en su mayoría, los agraviados… El episodio conmovió a la ciudad; todo el mundo comentaba el incidente y, tal como exponían los españoles en su comunicación al rey, hasta las mujeres habían tomado cartas en el asunto… La forma de proceder de los mantuanos se correspondía con el sentido y normativas jerárquicas de la sociedad de entonces, regida por fórmulas y principios que establecían un orden desigual entre los individuos que componían la sociedad. En la esfera superior estaba la nobleza criolla, descendiente de los conquistadores quienes, por mandato divino, eran los responsables de proteger y conservar el buen orden de la sociedad; y en la esfera inferior estaba el resto de los mortales, los plebeyos, la gente de baja esfera, sin linaje, honor ni privilegios, como Sebastián Miranda y, por ende, toda su descendencia.

Para Francisco de Miranda la situación resultaba inescapable. Era el primogénito de Sebastián Miranda y de Francisca Rodríguez, hijo de canarios el primero y de portugués y canaria la segunda, una pareja de personas trabajadoras que se habían establecido en Caracas y levantado una familia de seis hijos, un origen muy distinto y distante al de los oponentes de su padre. A los doce años ingresó en la cátedra de latinidad en la Universidad de Caracas, paso indispensable para preparar la tesis y presentar los exámenes que le permitirían obtener la licenciatura. Continuó sus estudios de bachiller en artes, pero solamente por dos años; no terminó el tercero, de manera que no se graduó; tampoco siguió la carrera de las armas para convertirse en oficial al servicio de la Corona.

Cumplidos los 20 años, el porvenir de Francisco de Miranda no ofrecía muchas opciones. En una sociedad fuertemente jerarquizada como la caraqueña del siglo XVIII, en la cual el futuro de las personas estaba determinado por la calidad e hidalguía de sus ascendientes, y cuando todavía estaba fresco el incidente que había enfrentado a su papá con los principales mantuanos de la ciudad, el hijo mayor de los Miranda Rodríguez tenía dos posibilidades: o se conformaba con vivir en un entorno en el cual sería considerado y valorado como el hijo de la panadera, un sujeto ordinario y de baja esfera, o se disponía a labrarse un futuro diferente fuera de su lugar natal.

Francisco de Miranda optó por lo segundo. El 22 de diciembre de 1770, un mes después de conocerse en Caracas el contenido de la Real Cédula que condenaba el proceder de los mantuanos y le daba la razón a su padre, Francisco de Miranda solicita licencia para certificar su legítimo nacimiento, limpieza de sangre y buenas costumbres. Era el primer trámite que le permitiría abandonar la ciudad en la cual había nacido el 28 de marzo de 1750”. Ines Quintero. El hijo de la panadera.

Este episodio definitivo en la vida de uno de nuestros próceres fundacionales da cuenta de una historia que ha tendido a repetirse en el devenir político  Venezolano, de reputaciones dudosas, escaladas sociales, linajes poco claros y,  en definitiva la tendencia al parecer irrefrenable de una sociedad que siempre ha gustado de etiquetar. No en balde hemos sido: pata en el suelo, criollos, patriotas y realistas; monos, sifrinos, adecos y copeyanos; escuálidos, chavistas, boliburgueses, imperialistas y hasta terroristas. La nomenclatura pues es un tema recurrente en nuestra vida colonial y republicana que ha dejado poco espacio para aprender a reconocernos primero e independientemente de cualquier otro criterio, como Venezolanos.

Ines-Quintero2-400x267
Inés Quintero

Inés Quintero nos presenta  en sus páginas un relato biográfico que  busca transcender, sin omitir aspecto alguno,  la historia política de Francisco de Miranda para mostrarnos los detalles de su vida cotidiana, sus sentimientos, caprichos; su vida amorosa, innegable cultura, viajes, persecuciones y fracasos que formaron parte de su agitada existencia, cuya mayor resonancia fue su constancia en propiciar, a costa de su propia vida, la independencia de Venezuela.

texto2
Laureano Márquez

Laureano Márquez, politólogo, humorista, autor y articulista venezolano precisa sobre Francisco de Miranda:

“Se acaban de cumplir 200 años de la muerte de Don Francisco de Miranda, coincidencialmente, murió un 14 de julio, aniversario de la Revolución Francesa…peleó por Francia, pero no era francés; era caraqueño, pero su casa está en Londres, porque fue uno de los primeros venezolanos que probó con el plan “B… usaba uniforme del ejército ruso, pero no perteneció nunca a esa fuerza…
Miranda fue un hombre afortunado, menos en su tierra. Su nombre está en el arco de triunfo de París, se codeó con reyes y primeros ministros, fue un hombre culto y estudioso que gozó en su tiempo de gran renombre y respeto.

Aquí no: en Venezuela Miranda la pasó mal desde chiquito, cuando a su padre lo despreciaron por canario. Las veces que vuelve, no tiene suerte: en La Vela de Coro, la gente huye. Cuando regresa, ya mayor y cercano al final de sus días, se incorpora a la gesta de la independencia, le entregan el mando del ejército de la I República, cuando está ya está prácticamente destruida por radicalismos y conflictos internos que él mismo desde la Sociedad Patriótica ayudó a fomentar. Le nombran generalísimo de una causa perdida y al final terminan culpándole de un desastre completamente previsible desde el momento en que el pueblo ve en los promotores de la libertad los principales causantes de su esclavitud”. Editorial Tal Cual, 22/07/2016.

Inés Quintero logra retratar, sin menoscabo de sus capacidades y obras,   algunas características de  Miranda y de muchos de nuestros próceres, caudillos  y políticos de todos los tiempos: la vanidad, la autosuficiencia, el dogmatismo y la falta de flexibilidad; logra también mostrar, a través del hecho histórico,  otro rasgo perturbador, que nos empeñamos en ningunear, presente en el cheverismo de Gisela Kozac,   en la vida del hijo de la panadera y las paginas del libro de Inés Quintero que lo retratan: nuestra fiesta permanente, esa condición animosa, de torrente que se despeña, que nos ha marcado desde siempre.

No en balde el mismísimo Francisco de Miranda lo recalco, al momento de su entrega a Monteverde y Laureano Márquez, con su verbo lleno de sátira nos recuerda el episodio:

Miranda_en_La_Carraca“Sus restos no están en el panteón y el bicentenario su muerte, que hubiese sido una excusa perfecta para la reflexión sobre nuestro incierto destino, sobre esa fatalidad que nos hace ser simultáneamente el país más rico de Hispanoamérica y a la vez, en los tiempos que corren el más miserable, pasó prácticamente desapercibido. Quizá un buen punto de partida para esa reflexión ha podido ser la famosa frase que Miranda pronunció al ser entregado a los españoles por un grupo de patriotas que interrumpen su sueño, entre ellos, Bolívar, a quien fue menester convencer de no fusilar a Miranda en el acto acusándole de traidor. Dijo, levantando la lámpara que sostenía Soublette -su secretario-para iluminar la cara de los captores, descubriendo a los suyos: “bochinche, bochinche, esta gente no sabe hacer sino bochinche” y se entregó sin oponer resistencia.

Algunos exagerados dicen que lo dijo en francés, pero dudo que la palabra exista en francés. Los de por estos lados la conocemos desde niños, cuando nuestra madre nos recriminaba por los desórdenes junto a hermanos o amigos con un: “¡me van dejando el bochinche!”. Bochinche es desorden, caos, pero también jolgorio, fiesta. Un desorden festivo, podríamos decir. Eso es lo que somos en definitiva”.

 

Adriana G.

 

Gisela Kozac Rovero es, Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela, Magíster en Literatura Latinoamericana y Doctora en Letras por la Universidad Simón Bolívar. Narradora, ensayista y docente universitaria. Ha publicado Latidos de Caracas, Venezuela, el país que siempre naceEn rojo, Todas las lunas y La literatura asediada, entre otros. Es articulista del diario Tal Cual. Venezolana.

Inés Quintero es Historiadora, Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia. Licenciada, Magíster y Doctora en Historia por la Universidad Central de Venezuela (UCV), Investigadora y Profesora titular de Estudios Hispanoamericanos y Coordinadora de la Maestría de Historia de Venezuela dentro de la UCV. Miembro del Grupo Académico Binacional Colombia-Venezuela y representante de la Universidad Central de Venezuela para la Red Andina de Universidades en la Cátedra de Historia de América de la Organización de Estados Iberoamericanos. Venezolana.

Laureano Márquez es Politólogo (UCV), humorista, autor y articulista.

http://theobjective.com/further/eponimos-en-la-literatura-escritores-que-se-convirtieron-en-jerga-cotidiana/

Gisela Kozak presenta “Ni tan chéveres ni tan iguales”

http://laureanomarquez.com/escritos/editorial-tal-cual/bochinche-bochinche/

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s