El libro que somos, la historia que nos narra: crónica de una historia anunciada

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librosLibrer--a1-500x250Lo nuestro es un perpetuo deja vu. Las letras venezolanas así lo manifiestan. La historia así lo ha registrado. Vivimos un eterno ritornello de situaciones “particulares” y en ocasiones es hasta vergonzoso que no atajemos a tiempo los síntomas  de malestares y dolencias ya padecidos, el populismo es un ejemplo opaco de esos males crónicos que arrastramos. Hay tendencias irrefrenables en nuestro acontecer político y social: las queridas en el poder; el hombre fuerte, caudillo mesiánico; la sombra militar; las misses escandalosas, etc, etc.

Tres novelas, afincadas en diferentes momentos históricos del país, nos traen, a fin de ilustrarnos, estrofas esclarecedoras de esos episodios que ya padecidos, pareciéramos empeñados en recrear cada tanto.

 

En “Valle Zamuro”, de Camilo Pino ( Editorial Punto Cero), el autor nos sitúa en la Vzla. de 1989, durante la explosión social conocida como el “caracazo”; es una historia generacional cargada de algunos de los tabúes y convenciones sociales que nos caracterizan. En “El pasajero Truman”, de Federico Suniaga (Mondadori) nos trasladamos a un momento de nuestra historia política donde crueles e inesperadas circunstancias (la súbita demencia de Diogenes Escalante), tuercen el destino democrático dibujado, para traer nuevamente otra dictadura que se deseaba evitar.   En “Patria o muerte”, de Alberto Barrera Tyszka (Tusquets), es un novela sin complacencias, que retrata la realidad puntual de un grupo de Venezolanos, las angustias y complicaciones de sus vidas condicionadas por la tensión de un país pendiente de la gravisima enfermedad del presidente.

A continuación breves extractos  de las novelas,  cuyo paralelismo con la aguda crisis que padecemos nos obliga a repensarnos una y otra vez, en la necesidad imperiosa de vacunar al país de contagios que no caben mas en el futuro que en este momento estamos construyendo a pulso.

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_ ¿Tú estás loco? Tienes el sentido común en el culo. Este es el pero momento para renunciar que se te puede haber ocurrido. La calle está tan jodida que hasta escasez de pan hay y tú vas a renunciar porque sí. escasez de pan, ¿cuando en la vida?…

Matazamuros podría ser militar: Caracas.- El antisocial conocido como “matazamuros” podría ser un militar activo, o retirado, según evidencias recogidas por la PTJ. El “matazamuros” quien sería responsable de la muerte y abandono de más de quince aves de carroña, estaría operando con un rifle de largo alcance… armamento utilizado por las Fuerzas Armadas Nacionales y de difícil adquisición en el mercado negro… las municiones son de distribución limitada y estrictamente controlada…

Se comienzan a ver al entrar al valle. En los árboles, como frutas desproporcionadas; sobre los postes, vigilando; en los cables de luz, en grupos pequeños encima de las vallas, comiendo en los basureros… El valle de Caracas está tomado por los zamuros.

-…Es que en el fondo no entiendo por qué estoy yendo a un sitio al que no quiero ir y donde sé que la vamos a pasar mal. Piensa en lo que está ocurriendo en la calle: los milicos, los saqueos, los zamuros… Una fiesta una noche así es una aberración…

-…y afuera Caracas se está derrumbando. Anoche Sojo y yo no pudimos dormir por los tiros. Toque de queda. ¡Que bolas! Toque de queda. Yo creo que va a haber mucha violencia y, para decir la verdad, tengo sentimientos encontrados  sobre estar celebrando hoy.

Valle Zamuro, Camilo Pino.

 

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En el caso del  doctor Escalante, su problema no sólo era la edad; aunque en aquella época sesenta y seis años eran mas que setenta y cinco ahora. Él sabía que una presidencia suya ya no era posible, que no estaba bien de salud y que su tiempo había quedado atrás, pero no actuó de manera consecuente con su pensamiento. Se quedó tranquilo y permitió que los acontecimientos, sin su accionar, fuesen acercándolo a su objetivo secreto… Vivía emocionado al ver que su vieja y oculta ambición había encontrado, inesperadamente, un cauce por donde navegar y se dejo llevar por la corriente.

Sobre la cama, ordenadas cual la exhibición de una tienda de ropa, vimos extendidas sus camisas…Las había sacado del armario y colocado una al lado de la otra, ordenadas con una simetría tan perfecta que no podía ser sana. Nos habló con la voz que uno usa cuando no quiere que un tercero se entere de lo que va a decir. Si alguna vez he escuchado algo trágico en mi vida fue en ese instante. Lo que dijo demolió mi sueño de esa mañana en el jardín y,  sin percatarse,  había demolido el suyo de toda una vida.

Dígale que no puedo ir porque me robaron mis camisas.

Si usted es una persona fatalista, concluirá que la debacle de Diogenes Escalante estaba escrita en las estrellas. Tres veces pudo ser presidente y nunca lo fue.

El pasajero de Truman, Francisco Suniaga.

 

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Tampoco estaba con el mejor ánimo… Pasaba de la ansiedad a la melancolía con frecuencia y con rapidez … se sentía frágil, indefenso. A veces se despertaba en las madrugadas asustado, como si lo hubieran sorprendido en medio de una fuga… A veces, también, se despertaba con unas inexplicables ganas de llorar… Al principio creyó que se trataba de una crisis pasajera que tenía que ver con cumplir setenta años, con el retiro. Pensó que el insomnio era una forma de duelo. Gradualmente fue entendiendo que se encontraba ante un equilibrio mucho mayor. Justo lo que tanto había tratado de evitar, por fin, estaba llegando: el país.

La muerte también se contagia. La tradición popular sostiene que no es saludable jorungar a los finados. Eso también incluye el lenguaje. Muerte es una palabra engorrosa. Se queda pegada en los dedos, se enreda, molesta. Una vez que se toca, es muy difícil desafanarse de ella. Lo mejor es siempre dejarla quieta. Pero la retórica oficial, durante demasiados años, hizo todo lo contrario. Coqueteo con ella. La usó y la recicló hasta el cansancio. Estaba presente en sus discursos y consignas con aguerrida puntualidad “Patria o muerte”, gritaba el Comandante, “venceremos”, aullaba en respuesta la masa enardecida. Era parte del acervo de la izquierda continental… Se trataba de formalizar simbólicamente una épica, la épica que tanto le faltaba a la autoproclamada revolución  bolivariana… Su temperatura verbal estaba por encima de sus realidad: solo había ganado las elecciones en un pais petrolero. Nunca había enfrentado un peligro inminente en una acción militar. Era un funcionario, no un guerrillero. Todo el discurso aguerrido, empeñado en desafiar a la muerte, comenzó a descascararse cuando de pronto apareció la enfermedad. Se cambiaron las consignas, empezaron a eludir la palabra muerte, trataron de torcer los símbolos: vencer y vivir, vivir para siempre, patria libre y no morir. Al principio fue le verbo y, luego, el verbo fundó una iglesia.

La destrucción también es una disciplina. Tiene un orden, un plan.

Patria o Muerte, Alberto Barrera Tyszka.

 

Adriana G.

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