Arroparme con tu bandera

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Hoy no pude ir a marchar porque, desgraciadamente, mi Universidad decidió graduarse de indiferente y estoy en parciales. No pude ir porque tenía clases, preparadurías y mucho que estudiar. Ahora estoy sentada en la ventana de mi casa viendo nubes blancas en varios puntos de la ciudad. Nubes que cubren y asfixian a todos aquellos que valientemente dan la cara por el país, aquellos que se arman con una mascara y un pote de anti ácido, aquellos que pasaran a la historia como los héroes de la patria. Esa misma nube cubre las calles con sangre y desesperación, le suben el volumen al miedo y se escuchan gritos de dolor, de rabia y de impotencia.

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Estoy sentada rezando, mientras escucho como la angustia habla en voz alta y veo como la valentía grita “Resistencia”. Me exaspero con la culpa de no estar ahí, la rabia de tener que pretender que mi país no me necesita y las ganas de gritar cada vez que veo una bomba sobrevolando las calles de la tierra más bonita de este mundo. Los ojos se me nublan de tristeza de solo pensar que mis lagrimas corren con la suerte que no tuvo Juan Pernalete, Miguel Castillo o las otras decenas de venezolanos que se fueron con Venezuela mientras luchaban por ella.

Protesta-banderaMe inquieto cuando escucho el silencio de mi casa porque sin duda alguna, la indiferencia asfixia mucho más que el gas. Lo único que me queda de consuelo en momentos como estos, es que detrás de esa cortina de bombas hay una ventanita que nos muestra lo cerca que estamos del país que tanto anhelamos. Me da paz cada vez que Venezuela nos regala el sol más brillante para salir a marchar bajo los cielos que todas las noches se llenan de estrellas y sobre los que vuelan los angelitos venezolanos que Dios reclutó en los últimos meses. A pesar del dolor, a pesar del desconsuelo, de la rabia y de todo lo malo, hay algo que la represión no ha logrado y no logrará ahuyentar y ese algo se llama esperanza. La esperanza de vivir en un país libre, con suelos llenos de viveza, aires que suenen a risas, paisajes que se respiren y un Nuevo libro de historia, en el que se hable de aquel entonces cuando nos vestimos de ilusiones, nos armamos con agallas y salimos a recuperar la bendición de tierra que nos pertenece.

Gracias, Venezuela, por darme el privilegio de nacer entre tus campos, arroparme con tu bandera, enseñarme el alma llanera, prestarme tu caballo Viejo y deslumbrarme con tus montañas. Gracias porque tus atardeceres mantienen mi frente en alto, tus playas me dejan tu huella y tus flores su olor a ti. Gracias por enseñarme a gritar con brío y por nunca dejarme olvidar que la fuerza es la unión.

Por eso y tantas cosas más, “si algún día tengo que naufragar y el tifón rompe mis velas, enterrad mi cuerpo cerca del mar, en VENEZUELA”.

Andrea Dávila N.

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2 thoughts on “Arroparme con tu bandera

    1. Gracias Andrea por tu escrito sincero, lleno del coraje y la valentía que caracteriza a la juventud Venezolana. Es el compromiso de uds. el que nos anima a seguir adelante !
      Aquí en Multisápidas siempre tienes una casa.

      Me gusta

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