Coño de la ma… una aproximación al habla del Venezolano.

La idea inicial de este post era un Sit Down Comedy. Imposible masticar la risa en estos días, no es que no nos salga, el buen humor corre por nuestras venas, nosotros somos factor RH positivo, pero la inclemencia de los sucesos nos obliga a la templanza.

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Español, sí. Sin duda ese es nuestro idioma, español con ñ de ningún otro abecedario, pero gentilicio aparte, como en cada rincón del planeta,  el venezolano tiene su lenguaje coloquial que le caracteriza.

Por allí hay quien dice que los venezolanos somos arrebatados para todo, no podía ser lo contrario con nuestra lengua, con la manera en que nos comunicamos. El exceso es también vaso comunicante, nuestra  habla va, paso adelante, abriendo camino con una jerga cotidiana de frases, palabrotas y modismos con los que creamos atajos floridos y particulares.

La diáspora de venezolanos por el mundo, la profunda crisis política, económica y social que nos arropa,  ha aportado también nuevas y renovadas maneras de relacionarnos a través del habla que nos identifica y da sentido de pertenencia. La oralidad también se nos ha convertido en vínculo en la disidencia, la resistencia y la resiliencia.

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Separemos pues el asunto por tema,  para entender de qué va esta vaina.

Los venezolanos no tenemos objetos o cosas, nosotros tenemos corotos, peroles o macundales y es de muy mal gusto curucutear en las vainas de los demás.

Si de estados de ánimo hablamos uno puede estar achantado o tener caligueva, que no es más que una flojera superlativa. Pero también se puede estar alebrestado, alborotado o de pinga (una palabrota gruesa y sonora para cuando uno está realmente muy bien), o arrecho, que es más o menos el ánimo que nos domina en estos años de socialismo del siglo XXI, porque la nomenclatura política se ha cebado en el cambio como alteración de aquello que nos identifica y aglutina, para desmembrarnos en escuálidos, patriotas, majunches, apátridas, etc., etc.

Si de padecimientos se trata las madres y  tías venezolanas son expertas en determinar cuando uno tiene un yeyo, un soponcio o en caso extremo le dio un patatús. Y todo se  resuelve con un guarapito, a menos que uno tenga un tuyuyo (un chichón también en grado superlativo), caso que se resuelve con una penca e ‘sábila.

Captura

Aquí, al norte del sur, no se tiene miedo, se tiene culillo y no existe el despecho, sino el guayabo. Dependiendo de la guarandinga (que en estos días podría ser, por ejemplo la ruta de una marcha o protesta), uno demuestra su guáramo (algo así como la valentía), y se prefiere también que la gente no hable tanto gamelote  y participe, a pesar del bululú y de las sampableras que se armen… o de manera más coloquial aún,  se prefiere que la gente no hable tanta paja y a pesar del peo en el que estamos metidos participe, sea arrecho y no le tema al  cojeculo  de la situación país.

Vale la pena hacer paréntesis para destacar lo que muchos expertos comentan sobre la coprolalia en Venezuela.

“Las palabras tienen poder constitutivo. Dios creó el mundo nombrándolo. La manera de hablar denota nuestra manera de vivir, nuestro estilo de pensamiento y patrones valorativos. El habla es el espejo de los individuos, la herramienta con que captamos y expresamos el mundo. Da cuenta de una psicología. Y lo que vemos en Venezuela es que estamos ante un caso de coprolalia colectiva. La coprolalia es la tendencia patológica a decir groserías, a proferir todo tipo de vulgaridades. Asistimos a una generalización de la jerga del malandro, de las bandas de las zonas marginales, en todos los sectores de la población. Y si el habla es el retrato de los pueblos y de los individuos, ¿qué nos dice esta jerga de la sociedad venezolana actual?

La coprolalia compulsiva generalizada tiene significación”.

Axel Capriles, El Estímulo, 23/03/2017.

Siendo así, por esta calles ud. podrá escuchar en abundancia expresiones de toda estatura y color, que aunque resuelven el sentimiento del momento, sin duda han pervertido un habla que sin dejar de ser coloquial, era intensamente rica y sonora, compuesta de panas, chéveres, arepas, tepuyes, chamos, hallacas, alpargata, cuatro, joropo, aguinaldo, bochinche, chinchorros y gaitas.

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Mención aparte merecen dos fórmulas, si formulas,  porque sus capacidades van más allá de la palabra misma, como son: vaina y arrecho.

Vainaarrecho  son dos vocablos indefinibles e indefinidos, porque son todo y nada al mismo tiempo. Con ambos usted cubre utensilios, algo que pasa, un estado de ánimo, una necesidad, requerimiento, queja o atropello, algo bueno, algo malo, un punto de referencia, de cantidad, una casualidad… todo es una vaina y la vaina es arrecha,  y si esto le parece poco probable hay que rendir honor también al gentilicio dentro del gentilicio: el maracucho (nacido en Maracaibo, capital del estado Zulia) resuelve ambos (vaina y arrecho),  con un vocablo más inverosímil si es posible, y es que para ellos todo es una vergaque molleja primo!

la foto (1)Podríamos continuar ad infinitum y hablarles de la bala fría del almuerzo, del cipote y el carajo, de los amapuches y la ñapa. Pero vamos a cerrar con la creatividad de  estos tiempos de disidencia y resistencia, que le dan al habla del día a día una jerga de batalla que ya se hace eco en todos los estratos de la sociedad. De allí que entendamos perfectamente quienes son los chamos frenteros, los soldados de franela que se aproximan a los rinocerontes y ballenas de los bichos de la guardianazional y los entrompan con  piedras, pintura y puputov (cuya descripción, por escatológica vamos a obviar).

Caramba, que en este país nos embraguetamos con las circunstancias y le estamos echando bolas y bregando el futuro en las calles, para exigir voto libre, directo y universal, que nos prodigue un horizonte diferente y auspicioso. Romper las cadenas del dolor, lavar en tributo la sangre inútilmente derramada, reparar la dignidad de todos los ciudadanos y procurar el bienestar de todos carajo!

 

Adriana G

http://elestimulo.com/blog/entendiendo-la-jerga-del-venezolano/

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