#Weddingtour

Mi tour de bodas 

Sonia María

CapturaA principios de este año sin planificarlo me fui a un #weddingtour. En realidad quien tenía un tour de bodas desde noviembre del año pasado es mi hija, hasta ahora lleva cuatro invitaciones para ser dama de honor. De estos cuatro eventos, tres son fuera de Venezuela y uno en la Colonia Tovar, no se rían, es así, su amiga de infancia se casó con un coloniero cervecero, ¿han oído de la marca “Benitz”? se las recomiendo, su cerveza negra es buenísima.

A la boda de la Colonia Tovar no fui, pero a las dos siguientes, que fueron en Barranquilla – “Ombe” – y en San José de Costa Rica – “Pura Vida” – si asistí. La cuarta boda será en Aruba, aun tengo tiempo de decidir sí ir o no a la “One Happy Island”. Ir de viaje con el objetivo que sea ya es bueno, sin entrar en detalles de la situación país, o que el motivo no sea por enfermedad ni muerte. Me fui de #weddingtour a las bodas de un sobrino en Barranquilla y de una sobrina en San José. La primera fue una boda católica y la otra judía, eso no tiene ninguna relevancia en mi escala de valores religiosos, ni en el cariño que tengo por ambos sobrinos. Pero si en las diferencias y similitudes de las ceremonias ya que la experiencia lo valió.

Lo primero que llama poderosamente mi atención es el afán de la gran celebración, ojo con esto, estoy a favor de las uniones amorosas del tipo que sea, siempre que sean relaciones felices, que el amor sea lo que lleve al matrimonio. Lo que me hace ruido, y no es de ahora, son las grandes recepciones de bodas. Prometo no criticar  las fiestas de casamiento a las que he ido, porque las he disfrutado todas. Es propicio decir que  mi boda fue ultra festejada, soy hija única, mi mamá soñaba con el casamiento de su heredera, mi esposo quien era divorciado no se había casado por la iglesia y me dijo – te voy a sacar de tu casa como la princesa que eres -, que cuchi ¿verdad?, y no tengo quejas, pero siempre he tenido mis sospechas de que él era quien quería vivir la experiencia de la ceremonia y toda su parafernalia. De manera que tuve un fiestón con trescientas personas en el inmenso patio de mi casa,  me disfrute mi boda completica, me metí en el papel absolutamente, y solo no me quedé hasta el final porque mi nuevo marido había confundido la hora de la salida del vuelo para la luna de miel, el juraba que era a las 6 de la tarde y la realidad es que era a las 6 de la mañana, nos fuimos directo de la boda en Maracay a Maiquetía. Pero lo importante fue que vivimos nuestra boda con velo, corona, frac y nadie nos quita lo bailao y lo casao.

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Ese es el punto del #weddingtour, que si te quieres lanzar a ese complejo mundo de tirar la casa por la ventana, hay que lanzarse con estilo y con todo, y dejar la preocupación del que dirán, porque igualito van hablar. Lo importante es que los novios como dicen en mi pueblo: se tripeen su boda, porque, si algo es cierto es que es una celebración del amor. Por eso mi mal sabor cuando la motivación del evento es solo “el show”.

Volviendo a mi #weddingtour, un elemento interesante que se incorpora a la organización de los casamientos y para mí esto ha sido un acierto, pues les quita mucho peso a los padres y a los novios, permitiéndoles estar mas relajados en el día crucial. Es el wedding planner, o mejor, organizador de bodas, quien es el responsable por el desarrollo de los acontecimientos el día “B”,  de Boda, previa aprobación de los novios y  padres involucrados. Hay padres que solo pagan y ni se enteran, se dejan llevar.  Por lo general son las mujeres las que se involucran. Las/los wedding planners  tienen que ser expertos, ágiles,  comprometidos y hasta invisibles para que todo fluya.

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La boda en Barranquilla estuvo divina, dirían los costeños, en mi percepción el hecho de  que los padres de los novios estuviesen disfrutando todos los preparativos contribuyó al acierto de la celebración. Soy de las que asiste a las ceremonias religiosas, porque como ya comenté disfruto las bodas completamente, hablaba en serio. Creo que una amena y buena ceremonia religiosa facilita el  buen desenvolvimiento de la recepción posterior, pues los invitados ya llegan con la bendición asegurada. El cura que ofició la misa quillera conocía bien a las familias de los novios,  eso facilitó que el ritual fuera mas amigable, el padre que era un buen orador, hizo una misa amena y en este caso hizo llorar a los nuevos esposos y a muchos de los feligreses.

La fiesta se realizó en un salón de festejos, con todo el protocolo colombiano, muy parecido al nuestro, el venezolano. Comentando sobre la boda  me entero que ya se esta utilizando en el país la asignación de las mesas, en mis tiempos tu te sentabas donde estaba libre, a menos que fueses de la familia más directa de los contrayentes lo que asegura una mesa reservada, o si eres del circulo intimo  de los novios, inmediatamente alguien se pone de acuerdo en llegar temprano a la recepción (porque no va a la iglesia, sinagoga o templo)  para guardar la mesa. Este trabajito de asignación de las mesas es de filigrana porque complacer a todos en sentarse con su grupo o personas de su agrado no es para nada fácil, pues estas limitado al tamaño de la mesa. Me comentaba la novia costeña una de las noches que la vi afanada con mi sobrino frente a una laptop ubicando a las personas, que para un invitado en Barranquilla podría ser un conflicto no tener mesa asignada. Eso para mi fue muy fuerte, ni que te fuesen a sentar en una silla al lado de la urna, no es un velorio señores, es una boda, pero en fin. Una de las diferencias más acentuadas, es que en la boda colombiana, no me atrevo a generalizar pero fue lo lo que me dijeron, no se sirve la bebida alcohólica hasta terminada la cena y el brindis de los novios. Eso para los venezolanos es extraño, por no decir desesperante, si alguien estaba desde las 8 de la noche #modoboda, a las 11 de la noche ya el cuerpo pide trago, entonces hasta que el tío del novio, o sea mi hermano le dijo a la wedding planner – ¿esta partida es seca? –,  fue cuando los novios autorizaron abrir el bar fuera de la etiqueta pautada, lo que hizo mas ligera la convivencia entre colombos y venezolanos, ¡Ombe!. No vi a ningún costeño molestarse por haber roto el protocolo. Después la fiesta se prendió con buena música y mucho baile y claro que el Vallenato sonó, y hasta un sancocho en envases de anime casi al amanecer circuló por el salón. Me cuentan que es una costumbre típica de la región encontrar estos sancochos a la salida de los saraos para hacerle frente a la eminente resaca, yo me bebí mi sancocho para no alterar el orden establecido en la etiqueta de la boda de mi sobrino, “el catire mas azul”.

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En ambas bodas había un denominador común, una de las parejas era venezolano, en el matrimonio de Barranquilla el novio, pero los dos son residentes Colombianos junto con sus respectivas familias. Aun así en las dos bodas la participación de los convidados venezolanos fue masiva, así es la fuerza del cariño patrio. En el casamiento de San José, la venezolana era la novia, radicada en Costa Rica hace unos años, pero sus padres viven en Caracas, y su única hermana mora en Madrid, lo que no fue impedimento para que gran parte de la familia desperdigada por el mundo viajara al país verde para celebrar la nueva unión.

IMG-20170213-WA0071Vale decir que la boda tica estuvo igualmente tuani, como dirían los costarricenses, de igual modo los padres estuvieron involucrados en los preparativos, incluso los padres de la novia se fueron con suficiente antelación al país de la Pura Vida, para participar activamente en la organización. Esta celebración tuvo una extensa agenda de eventos previos a la ceremonia, pienso que fueron muy generosos los anfitriones en considerar el movimiento masivo provocado por el matrimonio. El gentilicio predominante era el venezolano, pero acudieron de distintos puntos del planeta, Panamá, Colombia, Nicaragua, Bolivia, España, Estados Unidos, Portugal y la Colonia Tovar, mentira, de Venezuela por supuesto. También hubo quien no pudo asistir por un tema país, pero además el tema Trump también afectó a algunos.

Es importante aclarar que la novia se convirtió al judaísmo, y doy fe que por absoluto amor, mi sobrina es contundente en todas sus acciones, así que sin ninguna presión y amorosamente realizo su proceso a la conversión, me atrevo a aseverar que hoy día tiene mas conocimiento de la religión judaica que muchos. Por tal motivo esta boda era completamente judía, ademas los novios, sus padres y los rabinos fueron sumamente pedagogos haciendo pausas donde era necesario para explicar el significado del ritual a modo de ilustrarnos lo que estaba sucediendo o por suceder.

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El día de la ceremonia religiosa, asistimos vestidas con moderación las mujeres, una pashmina resolvió el asunto del decoro. Y los hombres usaron sus kipas facilitado por la organización, así como sentarnos separados hombres de un lado y mujeres del otro porque el ritual lo exigía. El hecho de que los invitados de la novia nos conocíamos por compatriotas, facilitó nuestra atención pues reconocíamos a muchos de los integrantes del cortejo, en mi caso no solo a la novia, sino también a mi hija. Así que siendo una larga ceremonia, muy cantada, muy solemne,  gracias a las explicaciones del rabino, entendíamos lo que estaban diciendo, el significado del momento y así el tiempo pasó sin peso alguno para los coterráneos de la tierra de Bolívar.

Hubo mucho de ritos y costumbres judías en la recepción, aun así como he dicho se esforzaron en la organización y planificación para no sentir nunca tedio, muy por el contrario había una constante curiosidad por saber que seguía y ser partícipes. Una vez que, según entiendo, se fueron los rabinos, la fiesta fue menos israelí y fue mas latina, aunque yo desde que abrieron las puertas del salón sentía la algarabía incluso en las músicas tradicionales judías. Me pareció una boda muy alegre y afectiva. ¡Mazel Tov Gorda!

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PD: Estando aun por mi #weddingtour se casó un sobrino-nieto en Caracas, y lamenté mucho no haber asistido. La wedding planner de esta boda es una sobrina política experta en eventos, y la madre del novio, mi sobrina, es fabulosa organizando ceremonias religiosas cálidas y participativas. ¡Felicidades Juanchis!

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