Un tercero en la familia

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Jesús Millan

El grado de acercamiento a la familia puede dar una idea de qué tan bien encaminada se encuentra la relación de pareja para un futuro matrimonio. En la mejor tradición de los juegos de estrategia, los novios se dedican concienzudamente a utilizar sus mejores armas para tratar de atraer para sí el beneplácito de sus nuevos familiares políticos.

suegrosUna de las mayores pruebas para los novios, es la de la aprobación de las respectivas familias, cosa nada fácil al principio, pues como parte del instinto de conservación grupal, las familias tienden a encerrarse ante la presencia de aquellos que les son extraños. Pero la cuestión no siempre llega a mayores, pues las familias generalmente reciben de buen grado a sus nuevos integrantes, siempre con el mejor ánimo de mantener lo más sólida posible la unión entre sus componentes. Pero como en todo grupo, la familia no es ajena a la diferenciación de caracteres, lo cual lleva a los terceros a pisar con cuidado en ese terreno desconocido de constituirse en parte de un nuevo núcleo familiar. Nuestra intención es presentar una mirada ligera sobre las implicaciones humanas de integrarse a una nueva familia, y por qué no, tratar de identificarnos nosotros mismos viviendo alguna de estas situaciones.

La suegra.

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Algún gracioso definió alguna vez la palabra “suegra” como una contracción de la frase “suerte negra”, y aunque creemos que exageró el chiste, resulta prudente nunca bajar la guardia ante el poder detrás del trono, el ojo inquisidor  que evaluará con detenimiento si el futuro candidato o candidata resultará acreedor de los parabienes de una aprobación in situ, o si por el contrario, como en un concurso de credenciales, sufrirá la agonía de tener que aprobar una extenuante carrera por etapas para poder hacerse digno de obtener el premio mayor.

De todas-todas, el novio se tropeará en las primeras de cambio con doña Etelvina, la matriarca de la familia, una muralla de carácter infranqueable y humor de jauría, que mirará con ojos de desprecio a este intruso que pretende echarle a perder la vida a Eufrosina, la luz de sus ojos, esa niña que jamás en su vida se ha mojado las manos excepto para lavárselas después de comer, y que nunca en la vida le ha dado ni un solo disgusto a sus padres, excepto el de traer a este recién vestido a casa.

O caso contrario, la suegra denostará sin contemplaciones de esta aspirante, (como si no las conociera, ¡ja!), que pretende desgraciarle el futuro tan brillante que tiene su Lupercio, cuyo único apuro en esta vida es decidir si se va a estudiar el posgrado en Harvard o en Oxford, donde ya lo aceptaron. Y como el lobo que le aúlla a la Luna, cada vez que tiene la oportunidad dedica un sermón a beneficio del gabinete de la cocina, quejándose “porque-viene-esta-muchachita-ahora-a-truncarle-los-sueños-al-orgullo-de-esta-familia-a-mi-niño-que-yo-parí-y-que-lo-único-que-le-ha-pedido-esta-pobre-vieja-es-que-le-dé-unos-nietos-que-le-alegren-los-últimos-años-de-su-vida”. Amén.

El suegro.

postales-con-mensajes-por-el-dia-del-padre-para-mi-suegroPor el contrario, el suegro resulta ser comúnmente una persona afable y la mar de comprensiva, que acepta sin mayores reparos las decisiones de vida de sus vástagos, claro está, siempre y cuando ello no implique la deshonra familiar, la pérdida del patrimonio común, o en el peor de los casos, riesgo de muerte inminente. Si el novio es avispado, inmediatamente hará yunta con el futuro suegro, ya sea enganchándolo por alguna de sus aficiones o en detrimento descarado del metabolismo de su hígado. Eso nunca falla. Abundarán entonces las invitaciones a parrilladas, partidas de dominó y cartas, además de una extensa selección de los canales de la televisión por cable los fines de semana, con juegos de béisbol, fútbol y cualquier otro que no implique mayor dificultad que la de apoltronarse en el sofá de la sala con una cerveza en la mano, o en su defecto, el tin-tin del whisky en las rocas.

En el caso de la novia, las hay lanzadísimas que a punta de mimos, ternuritas y arrumacos, se ganan al viejo sin problemas. Pasarán con frecuencia por la casa para preguntar por su reuma o por la efectividad de la fórmula de los lentes para ver de lejos, y de ser necesario, llegará con un tupperware de caldo de pollo para aliviarle esa molesta gripecita mal curada que tiene tanto tiempo jorobando. No tendrá ningún empacho en repasar con él el álbum familiar y le reirá por igual los mismos viejos chistes que ya le contó, y que por esas cosas del Alzheimer en sus estados primarios, le vuelve a contar encantado.

Los hermanos.

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Está el apartado correspondiente de los hermanos. Las chicas por lo general congenian con más o menos rapidez, haciendo causa común con la futura esposa y convirtiéndose en una valiosísima mina de oro de información, que le servirá a la consorte para pasar revista de la vida y milagros de ese su hermanito al que quieren mucho, pero que no le perdonan una a la hora de avisar los posibles peligros que revisten antiguas novias rondando la presa, amigas algo así como demasiado íntimas, o de otras candidatas abiertamente dispuestas a pelear por el trono.

295762_1769158647180_1785658666_1173635_8798266_nClaro, le contarán de Fabiana, una rubia monumental con tres títulos universitarios y ejecutiva en una trasnacional, que desde el inicio contó con la aprobación unánime de la familia, suegra incluida, quien ya soñaba con nietos rubios como en la canción de Rubén Blades. Ellas culpan de la pérdida al tarambana de su hermano, que no supo ofrecerle a la chica un proyecto de vida consistente, y cansada de esperar se decidió por un portugués que le hacía ojitos desde hacía rato. “Por cierto, se me olvidaba contarte: ella siempre viene en las vacaciones a visitarlos; pero tranquila, allí ya no hay nada”. Claro, y las vacas vuelan, dirán muchas.

Adicionalmente, si la novia hace bien su tarea, contará también con el apoyo invalorable de un ejército de primas, sobrinas y nuevas amigas, que se conformarán en una extensa red de inteligencia, y que le informarán veraz y oportunamente sobre los desplazamientos de su amado, además de los movimientos sospechosos en el entorno, sin dejar de lado el escaneo exhaustivo de sus redes sociales y correo electrónico. Cualquier foto comprometedora llegará inmediatamente a su teléfono, y de ser posible, en contubernio con sus nuevas aliadas, conocerá de primera mano las coordenadas del GPS del carro de Lupercio.

El novio también congeniará a su manera con sus futuros cuñados, y en componenda con un batallón de hermanos, primos, sobrinos y demás familiares, acampará los fines de semana en casa de su novia, llevando alegría y felicidad al hogar, claro está, también en detrimento del sistema hepático del núcleo familiar.

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No faltaba más: el último fin de semana mientras reparaban el carro y cada vuelta de tuerca era celebrada con una cervecita fría, le comentaron de Eulacio, “un novio multimillonario que ella tuvo, y al que querían mucho los viejos, prácticamente como un hijo, pero eso no funcionó porque él era muy posesivo con ella; por cierto… él a veces pasa por aquí a saludar y hasta almuerza con nosotros.  Pero no te preocupes que eso ya se terminó”. Noooo mi pana, que va… ca golda.

Los tíos.

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El paquete no está completo sin la presencia de los tíos. Dependiendo de la mayor o menor cercanía, estos tendrán presencia en la vida familiar y aunque sea para satisfacer su curiosidad morbosa, van a querer conocer al nuevo integrante de la familia.

Como todo tío que se precie, los de Rafaelito prácticamente tiraron cohetes cuando se enteraron que por primera vez había llevado una novia a casa. Durante sus primeros 29 años de vida, el chico se dedicó con la más absoluta perseverancia a pegar ceros cómodamente sentado en la banca de una plaza cercana, por lo que esa repentina muestra de madurez les resulta en extremo novedosa y digna de toda atención. Entonces no resulta sorprendente que se aparezca una delegación de tíos que caen por casa como quien no quiere la cosa, ¡y sorpresa!, se encuentran con la futura novia.

De esta realidad no se escapa Angeliquita, una niña muy modosita ella, a la que todos le auguraban un futuro prometedor como monja de clausura por su carácter callado y taciturno, además de ser refractaria a la presencia masculina, lo cual hizo que nunca jamás saliera de sus labios la palabra “novio”, como no fuera para señalar a los para ella extraños objetos que llevaban a casa sus otras hermanas.

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Por supuesto, la excelentísima delegación corre al término de la distancia a inquirir sobre el nuevo hallazgo, a ver si no era cosa de fallos en la agenda menstrual o para prestarle oportuno auxilio a otra nueva víctima de la liberación femenina, que prende fuego por igual a calendas y sostenes en homenaje a su nueva vida. Pasado el primer susto, los tíos quedan conformes y se dedican a examinar a placer al nuevo prospecto, que se debate entre complacido y nervioso ante tanta atención, cuando él solo fue a llevar un cuaderno y ya se iba.

Nunca faltarán los tíos regalones, que con ojo avezado identificarán rápidamente la ingenua inexperiencia del pichón de prometido y lo cobijarán bajo su ala. Y sin él habérselos pedido, le empezarán a aconsejar sobre temas trascendentales: la vida y la muerte, el cielo y la tierra, el destino del hombre, y los mejores sitios para comprar cerveza barata. Con la mayor desvergüenza lo introducirán en el oscuro mundo de las borracheras de anís y le informarán solemnemente sobre las mejores y más resistentes marcas de condones, ante el horror de la mamá de Angeliquita y el suplicante “trágame tierra” de Rafaelito.

Más atrás vienen las tías querendonas, que en el empeño por agasajar al nuevo sobrino político recurrirán a su exclusivo arsenal de abrazos, besos y pellizcos. Como si fuera un ajuste de cuentas entre bandas delictivas, encerrarán al pobre chico en el medio de un círculo de tías entusiastas que sin piedad empezarán a manosearlo y restregarlo por toda la extensión de su geografía corporal, sin escatimar los consabidos pellizcos en los cachetes, atuna-quetuna-tún. Y ante las tímidas y asustadas protestas del pichón de novio, palmearán vergonzantes nalgadas acompañadas de restallantes carcajadas de parte de las malévolas señoras.

200280711-001Y otras tías con la misma estampa, pero de la otra ala política, son las que cercarán intimidantes a Angeliquita, y le empezarán a hacer las más personalísimas peticiones sobre los rasgos, carácter y fisonomías de los futuros hijos que ellas quieren que tenga con Rafaelito… “porque tú vas a tener bebés, ¿verdad?”, como si eso de tener hijos fuera cosa del catálogo de Avon del mes de junio. Por supuesto, no faltarán las pícaras referencias al sexo antes del matrimonio, camufladas bajo la forma de serísimas recomendaciones sobre las futuras responsabilidades maritales y la vida en familia, para desconcierto de Angeliquita y divertimento de las cada vez más malévolas señoras.

Chicos, ¡bienvenidos a la familia!

@ElMalMoncho

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