Sit Down Comedy: Arroz con leche, me quiero casar.

 

Arroz-con-leche1

Arroz con leche me quiero casar
Con una viudita de la capital…

(Canción infantil)

 

I

tarjetas-de-boda-de-dibujos-animados-de-vectores_23-2147488808Hace unas semanas acompañe de buena gana a mi hija de 17 años, Rebeca (si, si,  la gaitera), a ver la nueva versión “live action”, como ella preciso, de la Bella y la Bestia, uno de los clásicos animados de Disney, inspirado en el cuento clásico de Hans Christian Andersen. La función, un sábado a las 2 de la tarde, auguraba un cine lleno de carajitos. Me fui psicológicamente preparada para ello. Rebeca tuvo razón: “mama la sala va a estar llena de chamas como yo”. Efectivamente aquello era un mujerero de todas las edades, pero el target dominante eran muchachas entre 16 y 25 años, que además pasaron buena parte de la película suspirando por las ternuras de la bestia. Muy democráticamente la gran mayoría, sin importar edad,  salió del cine con los ojos aguados,  lo que me lleva a nuestra primera sentencia: las mujeres aún esperan, buscan y desean al príncipe azul,  a contra corriente de la certeza de que más vale Mr. Right Now, que Mr. Right. Pero preocupantemente  un grueso porcentaje se queda con su bestia, esperando convertirlo en príncipe azul.

…Que sepa coser, que sepa bordar,
Que ponga la mesa en su santo lugar…

 

II

casais-de-casamento-embalar_23-2147500242Se casa Vanessa, contertulia de Multisápidas y la hija de una gran amiga, Elizabeth, una hermana de la vida con la que he compartido años de cotidianidad y vivencias. Por supuesto al anuncio todas nos pusimos #modoboda y nos convertimos en wedding planner improvisadas, llenas de ideas y sugerencias. No hay quien no tenga una recomendación a mano. La novia, a quien conozco desde pequeña ha escogido a Rebeca ( me salió faramallera) como parte del grupo de damas del cortejo. La emoción de la muchacha no es normal y todas las demás damas están igual: ¡alborotadas! Y aunque Rebe ya ha pasado por el trance de dama, para el matrimonio de mi sobrina mayor Estefania,  y allí la exaltación fue épica, esta vez no menguo el entusiasmo. Lo que me hace pensar que hay un asunto tipo ADN, un componente matrimonial genético por lo menos en el 97% de nosotras. La despedida de soltera, la búsqueda de los vestidos, zapatos y accesorios, todo ha sido un “evento”, pero sin duda nada ha superado el día en que gentilmente invitadas por la mama de la novia,  fuimos a dos de las citas que la novia tenia para probarse vestidos… de novia. Aquí si hago la salvedad: todas, absolutamente todas (mama, suegra, novia, madrina, algunas damas y otras asomadas, como yo), fuimos esperando ser parte de un capítulo más del reality show Say yes to the dress. La algarabía no tuvo compón, ni compasión con el resto de los mortales que se cruzaron en nuestro camino, nosotras estábamos en una misión, que tuvo su nirvana absoluto cuando entre encajes, sedas, tul y florecitas de toda forma y hechura posible, ante un soberbio vestido de corte imperio, con mangas y espaldas caladas y amplia falda… la novia dijo, ante los ojos aguarapados de todas las presentes : “este es mi vestido”. Lo que me lleva a nuestra segunda sentencia: el 89% de las mujeres y otros géneros circundantes, se quieren casar de velo y corona.

…Contigo si, contigo no;
Contigo, mi vida, me casaré yo !

 

III

c12419397dc05b8a8715eefa17d786e7He acompañado a mi amiga a buena parte de los preparativos de la boda y afirmo, que salvo extrañas, contadísimas y sospechosa excepciones, esto es un asunto netamente femenino. Aquí los hombres son meras conchas marinas arrastradas por la corriente, la voz cantante la llevan la mama de la novia y la novia; las hermanas,  tías, comadres, primas, amigas,  abuelas y sobrinas, además de  un largo etc. de asomadas,  y aunque el factor económico es determinante en el alcance de los preparativos, la creatividad asociada al evento se desata, sin importar credo y condición, permitiendo que la corte femenina en torno a la novia proponga toda clase de fantasías, rocambolismos y cuchituras.

Pero no crean que es un mero asunto estético, figurativo y faramallero, la verdad es que es un momento en el que la cofradía femenina se regocija en tradiciones y ritos para celebrar un momento importante en la vida de casi todas la mujeres, pues aunque el matrimonio ha sufrido una caída estrepitosa ( y justificada) en su popularidad, el rito y el sacramento siguen siendo la bienvenida alegre a una nueva familia, que a partir de ese momento se inicia, motivo suficiente para que todos nos unamos para aupar el nuevo hogar, con todos los simbolismos y significados que hay para ello. Lo que nos lleva a nuestra tercera y última sentencia: El matrimonio es un ritual femenino, emotivo e  iniciático… y   si es bailado, es mejor.

Adriana G.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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