El Peluche

Posted on Actualizado enn

screen-shot-2012-10-10-at-4-41-21-pm

Si bien en el mes de febrero es válido hablar del amor, también viene muy a propósito hablar del desamor. No hablemos ya de este como aquella sensación estremecedora, angustiosa, punzante y tenaz, que nos hace rabiar por causa de las atenciones no recompensadas, sino de esa especie de pena errante capaz de convertirnos en seres contrariados por necesidades emocionales no satisfechas y sentimientos inacabados e imperfectos.

Estamos refiriéndonos a esos individuos afligidos por una condición singular que los hace cercanos al sujeto amado, pero que no cuentan con la satisfacción de ver retribuidos sus requiebros con ni siquiera el reflejo de una mirada. Nos referimos a los popularmente conocidos como peluches.

528256_009El peluche es un individuo singular. Su característica principal es tener la mala suerte de estar enamorado de alguien que no le corresponde. Ciertamente, un amor no correspondido en toda regla, pero con un detalle acuciante y puntual: el peluche nunca se separa de la dueña de sus desvelos, y construyendo para sí mismo el más refinado de los infiernos masoquistas, se hace un lugar en el entorno más cercano, haciéndose su amigo leal y su confidente más fiel, en un intento por ganarse su gracia, o por lo menos un pellizquito de su cariño.

El común de los seres humanos, en el supuesto negado de ser protagonistas de un trance de tal calidad, simplemente diría: “vaya, no me quiere… ni modo”, media vuelta y adiós. Pero no, el peluche no actúa así. Todo peluche que se precie, en una exacerbación de la negación de la propia estima, hará gala de hacer de sus tripas un corazón, y se dedicará con ahínco, no solo a tratar de ganar el amor que le es vedado, sino a ejecutar todos los intentos por mantenerse vigente y a la vista del ser amado.

Y así, aún viendo el tren de su corazón que en alocada carrera anuncia otro desastre de amor, el peluche se mantiene incólume ante los dulces desplantes y la delicada indiferencia de su enamorada, desplegando todos sus encantos para seguir captando la atención y ser tomado en cuenta.

maxresdefault-1

Pero ser un peluche no es cosa de serlo y ya. Es un proceso largo y extenuante en que se van quemando etapas, y que en muchos casos no tiene culminación, excepto por dos razones muy bien definidas y de naturaleza catastrófica: sea por la desaparición física del peluche, o el inicio de la hecatombe nuclear por causa del impacto contra la Tierra de un meteorito interestelar.

Salvadas las anteriores cuestiones, queda entonces una especie de paradoja vital, que se constituiría con las mismas características del fenómeno ampliamente conocido entre los especialistas informáticos como un “loop”. El “loop” es esa especie de círculo de actividades sin fin, que se repiten con matemática precisión hasta el infinito. De esta manera, el peluche queda condenado a repetir incesantemente el “loop” de sus sentimientos hasta el límite de la cordura y razón, perpetuamente obsesionado con la fantasiosa idea de que algún día le dirán que sí.

El peluche, presencia constante.

18_ted_2Siempre en busca de su cuota de cariño, el peluche se hace parte cotidiana del paisaje. Nunca hace falta que lo llamen, el simplemente está. Con devoción canina,  seguirá a su víctima apenas un paso atrás, ya sea para acompañarla al supermercado, llevarla de tiendas o simplemente para compartir en los momentos de ocio. Tales acompañamientos por supuesto llamarán la atención de la concurrencia, que constantemente hará las inoportunas y malévolas alusiones a la pertinaz compañía del peluche.

Evidentemente, la pareja de turno de su musa no será ajena a esas malintencionadas indirectas que anuncian a voz en cuello que le están soplando el bistec. Si es hombre, el peluche jurará por este puñado de cruces que su intención jamás ha sido la de incordiar en la relación de pareja, que lo suyo es solo cariño filial, y que por favor no hagan caso de esos chismes que lo único que buscan es romper una bonita amistad. Si es mujer, irá llorando hasta la presencia del tipo para acusar a las malas pécoras amigas de su novia, que como gatas en celo viven sembrando cizaña y solamente existen para envidiar lo bien que ambos se llevan. Por supuesto, excepto los interesados, nadie más les cree.

El peluche, confidente obligado.

La quintaesencia del peluche es la seguridad. Tal cual como si viéramos a Cristo en la cruz, la omnipresencia del peluche genera un grado superlativo de confianza. Nuevamente los rumores correrán por su cauce intentando desplazarlo de su posición de favorito, pero el peluche hará caso omiso de ellos. Un peluche convencido de sus atributos, jamás admitirá que algo malo pasa a su alrededor, especialmente si afecta al que cree su amor secreto. Igual ocurre con las confidencias: así esté bajo amenaza de tortura, nunca revelará los secretos de los cuales es guardián.

ted-seth-macfarlane-slice

Y a despecho de la más íntima de las relaciones de pareja, el peluche será siempre el primer tercero que se enterará de la llegada o ausencia de la regla, de los problemas económicos de la familia, y de la última borrachera que terminó en una comisaría; jamás de los jamases hablará de la fiesta a la que fueron escondidos sin permiso de los padres, ni de la pequeña cirugía estética realizada discretamente en sabe Dios dónde; y mucho menos demostrará emoción alguna cuando se entere que la pareja rompió, aunque esté que salté de la alegría porque le dejaron el campo libre para intentarlo de nuevo.

Hay peluches que hacen alarde de sangre fría en el afán de alcanzar sus fines. Sé de uno que acompañó al objeto de sus desvelos a la cita con el ginecólogo, y celebró con ella la vista del ecosonograma que mostraba el embarazo de diez semanas, además de prometer guardarle el secreto. Esto sin contar que fue el padrino del bautizo. Ese sí es un señor peluche, nivel “darkness master”.

El peluche, parte de la familia.

Uno de los aspectos cruciales de la actuación del peluche es su integración a la vida en familia. Resulta vital para ellos el acceso al interior de la casa y poder filtrar la información desde el mismo origen. Y en casi todas las ocasiones lo logran, pasando a formar parte de la tribu. Entonces, como quien no quiere la cosa, el peluche desplegará con todo desparpajo su extenso arsenal de encantos, celebrados con toda gracia por los padres de su amor, quienes rendidos ante sus talentos, empezarán a comentar abiertamente lo buen muchacho que es fulano, o en el caso femenino, lo encantadora que es zutanita. Todo esto ante la presencia rabiosa de la pareja de turno.

24_ted

Y también en desinteresada colaboración para facilitar el tan esperado corte de venas de la pareja de turno, el peluche será quién conteste el teléfono de casa y reciba los mensajes, el que haga la lista del supermercado y el autorizado para recoger a los muchachos al colegio. Además, para colmo de su furia, será el que recuerde todas las fechas especiales, los aniversarios y su presencia se hará indispensable para las vacaciones, idas a la playa, Navidad y Año Nuevo. Claro, la pareja de turno será despachada a cajas destempladas, cuando replique el porqué fue el peluche el que compró la torta de cumpleaños para papá, o pregunte quién fue el que cocinó el almuerzo del día de la madre, y además lavó los trastos.

tedisrealPor si fuera poco, el peluche establece su cuartel general en la casa de su amada los fines de semana, para ayudarla a barrer, quitar el polvo, pintar la reja, bañar al perro, encender el carbón de la parrilla, cambiar el aceite del carro, comprar comida, visitar a la abuela, y cualquier otra tarea para la que sepa hacerse necesario. De paso, el peluche es un invitado de lujo en las fiestas, donde se destaca como excelente bailarín, contador de chistes y experimentado barman, además de que a petición de la barra, es él quien se apodera del karaoke cerrando con broche de oro las celebraciones. La madrina Eulacia quedó encantada la última vez con el recital de rancheras que el peluche le dedicó en su cumpleaños.

El peluche, un cofrecito de monerías.

La aceptación del peluche depende en gran medida del despliegue de sus cualidades. Alguna virtud debe poseer, invariablemente, para poder congraciarse con el entorno de su amada. No importa la magnitud del problema, el peluche siempre se las ingeniará para encontrar una solución y que todos queden extasiados con su talento.

2016103019400332e

Gracias a su carisma, el peluche asegurará de por vida un lugar cerca del objeto de sus amores. Se da por descontado que sepa cocinar pues desde que llega a casa, no sale de la cocina preparando cada vez más apetitosos platos que harán las delicias de los concurrentes. Tal como ocurrió un día en la cena familiar donde estuvo invitado la pareja de turno, quien alabó sobremanera un exquisito puré de papas figurante entre los platos. A la pregunta de quién lo había hecho, todos contestaron a una “pues, ¿quién más? ¡el peluche!”.

¿Una cita con el médico? Que ni en el olor de santidad de la Madre Teresa de Calcuta, el peluche apelará rápidamente a su lista de contactos, o en su defecto al directorio médico de la localidad, para encontrar al especialista adecuado para cualquier dolencia, y además de agenciarse las medicinas, vigilará estrictamente que se siga el tratamiento, y cuando sea requerido, hará para la enfermita una sopita de pollo rica como la que hace mamá.

¿Un problema con las cañerías? ¡Manos a la obra! Veremos entusiasta al peluche arremangándose la camisa y meterse debajo del lavaplatos para desenroscar tuberías, y si no puede, será la sombra del plomero y no se despegará de él hasta que el trabajo no haya quedado perfecto. Por igual, siendo el peluche la maravilla que es, sabe lavar la ropa fina con el correspondiente chorrito de vinagre para afirmar los colores; hizo unos arreglos florales preciosos para los quince años de la hija menor de la casa; y por si fuera poco, ese portento de las ciencias repasó matemáticas en las vacaciones con Fernandito, que por fin pudo sacarla en reparación.

ted-017

Cada visita a la abuelita gallega (tan linda ella, ya saben cómo son los viejecitos), quedará remarcada por el sonrojo general y un subidón de tonos en las mejillas familiares, cada vez que la señora pregunta en su punzante castellano peninsular “hija, joder, ¿qué haces tú con el pelmazo aquél, teniendo a esta maravilla en casa?”.

Después de haber leído todo lo anterior, seguramente vendrá a su mente algún peluche conocido, o entenderá por fin las señales internas que durante años su propia alma atormentada le enviaba. Masculino o femenino, nadie escapa a tal condición, que requiere de una fuerza de voluntad sobrehumana para asimilarla, especialmente luego de pasados los primeros minutos de la franca e ingenua declaración de amor, que termina con la respuesta temida, disfrazada de espontáneo halago: un terminante y lapidario “yo si te quiero… pero como un amigo”.

Su madre…

Jesús Millán

@ElMalMoncho

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s