Sit Down Comedy: soy mama gaitera

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La vida escolar está llena de actividades y eventos. Desde las tiernas épocas de preescolar los padres somos testigos del paso del tiempo a través de los actos, ritos y sacramentos más diversos y acompañamos el crecimiento de nuestros vástagos viéndoles avanzar escolarmente y explorando facetas y talentos. Así pasamos de la gimnasia rítmica a la danza, del karate al tenis, de los idiomas al teclado, etc., pero también de la Sirenita al Sombrerero Loco, de  Power Ranger a Harry Potter… y en el 5to año, cuando estamos a punto de cruzar la meta y casi dejamos atrás la escarcha, la pega en barra y el fieltro, encajonados en el closet de lencería (junto a buena parte de nuestra cuenta bancaria) viene el retoño y zas, te lanza  a rajatabla y sin compasión: “ voy a audicionar para las gaitas” .

Esto señores, es otro nivel. Aquí no se juega carrito. La organización y detalle que acompaña la temporada gaitera intercolegial es un portento y llevarle el trote físico y económico a lo que se le viene a uno, cuando el muchacho decide que él y la gaita nacieron juntos, deja pálido los años previos.

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Cuerpo Baile Gaitas Sta Rosa de Lima

A ver, algo de historia y contexto para quienes desconocen el tema. La gaita es un género musical venezolano, oriundo de la región Zuliana (saque de su mente la gaita escocesa, no tiene nada que ver); sonora e ingeniosa, con letras que tocan la cotidianidad y la denuncia, la devoción y las costumbres del Zulia y del Venezolano. Es un ritmo típico de la época decembrina y escuchar las primeras gaitas entre octubre y noviembre, es parte del deleite de los preparativos navideños. En Caracas y otras ciudades del país, se realizan los Intercolegiales de Gaitas,  que arrancan en noviembre hasta mediados de diciembre. Apostamos a que en sus inicios fue algo más relajado y sencillo, pero, como todo, evolucionó para convertirse en una competencia seria y de muy buen nivel. Como dirían los zulianos: ¡mollejua!

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Percusión

Mi casi bachiller me sorprendió a mediados de enero de este año, con el temido “voy a audicionar para las gaitas”. Reconozco que de entrada no me sofoqué mucho, nunca ha dado mayores luces musicales mi Rebeca, y me lo tomé como un asunto de exploración. Cuan confundida estaba. Audicionó en baile, no quedó; en canto, no quedó; en armonía, no quedó… hasta que  llegó el día de la última audición, feliz y exaltada: “mamá soy la charrasquera”. Hasta ese día llegaron mis quincenas y mis fines de semana. Comenzaron los ensayos, las pruebas de vestuario, el pago de escenografía, el ajuste del horario familiar en torno a las idas y venidas entre un toque y otro y la algarabía propia que nos contagia con las vainas de nuestros hijos, haciendo lo que mejor sabemos hacer: ser porristas de nuestros preciados retoños.

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La niña y su charrasca

Olvídese de lo sencillo, aquí el glitter y la lentejuela mandan. Hay coreógrafos, profesores de voz, canto y percusión, hay quien diseña el concepto, quien lo monta y quien lo cobra (y no son 3 lochas). Hay anime, cintas, pega loca y cartón piedra, pero sobre todo muchachos llenos de energía y talento, ávidos de hacer cosas nuevas, de aprender y darlo todo en cada toque, negados a abandonar espacio e identidad, a pesar de la  “situación país” que les ha tocado vivir. Son también jornadas intensas de conciliar opiniones y demandas de padres y representantes. Siempre está el colaborador, el duro de pagar, el aguafiestas, el entusiasta en exceso, el ausente y el protagonista. Por ello el talento no solo está en los muchachos,  los papás que se encargan de los pormenores (que de menores no tiene ni asomo), son unos organizadores natos que logran controlar una apretada agenda de actividades, en un terreno muy emocional.

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Pero además la pre y post producción de los  Intercolegiales cuenta con el compromiso de muchas empresas, que han visto año tras año que el talento y la energía que ponen los recién estrenados gaiteros es contagiosa y redituable. Hay todo un contingente  de sponsors y promotores metidos en el negocio; un público natural que apoya a los muchachos (amigos, panas, noviecitos, familia y profesores) y un público cautivo, los padres, que no solo aportamos sudor y dinero, sino que velamos porque independientemente de los preparativos, las exigencias, la competencia y el cansancio, cada muchacho salga de la temporada con una sola nota: me gocé mis gaitas. Y yo… yo soy una mama gaitera, contra todo pronóstico soy una feliz y extenuada mamá gaitera y a ritmo de gaita les digo: “ole, ole, ole, ole, ole, ola, es el Sta. Rosa y lo vas a disfrutar” (puf sale escarcha).

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Canto

Adriana G.

Las fotos que acompañan el post son de Las Gaitas del Colegio Sta. Rosa de Lima, tomadas por el alumno Carlos De Val ( @cmdeval ),  todos Promoción 66.

 

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