Del placer y otros demonios

 

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Al hablar del placer, el común de las personas inmediatamente se remite a los placeres corporales, en su representación más visible: el sexo, el erotismo y todo aquello que tiene que ver con la satisfacción del deseo carnal. Y aún cuando al hablar del placer debemos respetar los espacios de la satisfacción de las necesidades del cuerpo, también debemos hacer justa mención de los placeres sensoriales y espirituales, aquellos que proveen también de satisfacción y felicidad, sin necesidad de pasar por una causa orgánica que los origine.

Parte de la culpa la tienen las múltiples interpretaciones que se han hecho de la obra de Epicuro, el filósofo que promovió las primeras bases de la teoría del placer. Epicuro ha sido encasillado, quizás injustamente, como el principal propulsor de una filosofía del placer, que buscaba la satisfacción de las necesidades humanas desde un punto de vista meramente orgánico, y leyendo un poco sobre el tema, pensamos que tal percepción no se corresponde con la justicia que corresponde a su figura. Ciertamente, Epicuro propuso tal teoría del placer, pero en el caso que nos interesa, la principal razón que expone para la existencia del placer es la de proporcionar a la gente felicidad, y por extensión, el mayor bienestar posible.

Nos hemos permitido tomar prestados algunos de los postulados enunciados por Epicuro y hemos confeccionado nuestra muy personal lista de placeres. Olvídense, no encontrarán aquí placeres desatados ni pasiones derramadas. Solamente una visión particular del placer como motor de las vidas humanas.

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El placer de beber: la caña.

Para nadie es un secreto lo extendido que está en Venezuela el culto a la caña. Pobre o rico, joven o viejo, hombre o mujer, todo venezolano ha sucumbido a la tentación, de probar en algún momento los placeres de la bebida. Debe ser una cuestión idiosincrática el hecho de que muchos aspectos de la vida nacional se diriman botella de por medio, y por qué no, en la barra de algún bar, o en su defecto, en la pared colindante con alguna licorería.

Y reafirmando lo anterior, podemos dar cuenta de la infinidad de situaciones en las cuales se involucra a la bebida como factor cohesionante de nuestros vínculos sociales. Desde el nacimiento (celebrando los “miaos”), hasta la muerte (bañar al muerto en aguardiente, o bebiendo en su honor), todos nuestros actos de reafirmación social, desde los más alegres, hasta los más dolorosos y tristes, tienen como elemento pivotal a la caña, por lo cual no es raro que en medio de los vapores de cualquier borrachera, la gente busque el equilibrio apoyándose en una botella, con mucho cuidado de no romperla.

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Ciertamente, beber es un placer, pero en el caso venezolano la bebida representa una de las formas más comunes de reconocimiento social. Al contrario de otros países donde la costumbre de beber se maneja con un cierto tono de discreción y hasta de secreto, en nuestro país lo más común es que la gente promocione públicamente a los cuatro vientos sus propias cualidades como buenos bebedores.

Aunque muy discretamente, ya desde la adolescencia se aúpa a las nuevas generaciones para que se tomen su primer traguito. Claro, existen casos de precocidad infantil, en los que ya se ve a los más chicos de la familia arrasando en las fiestas con los “fonditos” de los tragos abandonados en las mesas, mientras los padres se hacen los locos, o los borrachos, según sea el caso o el grado alcohólico.

Así que los chicos, gracias a esas experiencias de contacto inicial, pasan a engrosar automáticamente las estadísticas etílicas, muy al estilo de los álbumes rosaditos y de lacito que dicen en la portada “mi primera borrachera”, aquella que se celebra todavía a la distancia de veinticinco años después con toda la nostalgia del caso, y hasta con una lagrimita, pero que pocas veces le hace la misma gracia a las madres, que todavía recuerdan como tuvieron que limpiar vómito durante toda una semana.

descargaEn Venezuela es casi una cuestión de honor y pureza de sangre, tener dentro de la parentela al borracho de la familia. No importa el grado de consanguinidad, lo importante es tenerlo. De esta manera abundan en la genealogía los tíos, primos, sobrinos, compadres, cuñados, que compiten ferozmente por el título de campeón bebedor de la tribu. Es una cuestión de principios que al momento de organizar el festejo, se anuncie, como si se tratara de los Reyes de Castilla La Vieja, la presencia del tío borracho o del primo cañero, ante cuya presencia no hay tapa que no se caiga ni botella que no se vacíe.

Así veremos rostros demudados por el asombro y la sorpresa, cuando se anuncia que viene el tercio aquél capaz de mantenerse en pie mientras los demás convidados yacen en el piso al borde del coma; aquél organismo ultraterreno, que no pone peros a la hora de someter su hígado a las pruebas de alcoholemia más duras; ese ser de otro planeta que puede convertir al bebedor social en un cero a la izquierda, y al consumidor consuetudinario en un bebedor de guarapos. Mientras que en otras latitudes a ese personaje se le esconde y se le da trato de individuo con problemas emocionales, aquí en nuestro país se convierte en una celebridad con la que todos se quieren sacar fotos, para luego mostrárselas a sus amigos y decirles: “¿Viste quién es? Ese es mi primo del que te hablé”.

Si midiéramos nuestra capacidad autóctona de libar con el mismo rasero de otras naciones, pienso particularmente que caeríamos fácilmente dentro de los rangos de “consumidor en peligro” o “alcohólico crónico”, mientras que aquí despacharíamos el asunto con un “y eso que no bebió nada”, sin mayor importancia. Y dos pa`cá, que venga la próxima ronda.

El placer de comer: el sancocho.

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Si bien resulta evidente que indistintamente del producto, en lo general el comer es uno de los placeres que los tratadistas se dan en llamar “necesarios”. Pero al hablar del sancocho hablamos específicamente de un acto que trasciende de lo meramente orgánico, la acción mecánica de saciar el hambre, y que nos transporta hasta el Olimpo de los placeres espirituales. Hacer un sancocho es un acto que nos acerca a la madre Tierra, que nos hermana con la naturaleza, une a la familia, y de paso, sale más barato que una salida a la discoteca o a un restaurante. Que Maslow, ni que pirámide de las necesidades, nada como un sancocho para satisfacer las necesidades más altas.

La principal característica de todo sancocho es que cae de sorpresa. Nada de preparativos previos ni largas planificaciones. Un sancocho se hace o no se hace. La idea del sancocho ocurre de un momento a otro, en medio de un chispazo de oportunidad, casi que se puede establecer una analogía con los procesos casuísticos que dieron origen a los más grandes descubrimientos de la humanidad: el fuego, la penicilina, los rollos del Mar Muerto o la radioactividad. Como si fuera un ángel caído del cielo, mientras el grupo de personas está reunido e inquieto por emprender una iniciativa, llega intempestivamente la inspiración y alguien saca a relucir la idea: “vamos a hacer un sancocho”. A partir de ese glorioso momento, usted es capitán de su destino.

Otra de las características resaltantes de todo sancocho, es la cantidad de gente que atrae. Usted cuando hace un sancocho, debe pensar en función de comidas de campaña. No hay nada más aburrido que un sancocho con poca gente. Nadie hace un sancocho para dos, a excepción hecha de las sopas de enfermo. Si usted asume el compromiso de decir la palabra “sancocho” en el estadio “Santiago Bernabeu” en un Real Madrid-Barcelona con transmisión en HD, debe asumir también el hecho de que todo el público presente estará invitado automáticamente. Hacer un sancocho es un acto de responsabilidad social, pues.

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Aunque su cualidad principal es la inmediatez, siempre hay de por medio una mínima previsión a la hora de elaborar el sancocho. Y una de esas previsiones iniciales, es la de qué tipo de sancocho vamos a hacer. Allí se debatirá muy sesudamente sobre el ingrediente principal, que marcará los preparativos posteriores. Por supuesto, hay materiales comunes que se las arreglan muy bien con cualquier principal, pero lógicamente la tendencia en ingredientes la marcará mayormente la proteína elegida.

Nunca faltará el espontáneo que se ofrezca diciendo: “yo sé donde venden una carne/pollo/pescado, muy buenos y baratísimos”. Pero curiosamente, ese ingrediente muy bueno, casi que con propiedades mágicas por su calidad, se encuentra siempre en una tienda que está al otro extremo de la ciudad o a tres horas en carretera en un pueblito que se encuentra en la zona rural del municipio, donde matan las reses en la madrugada en el patio de las casas.

Usted inteligentemente, y por no hacer el feo pues recuerde que hacer el sancocho es un acto de reconocimiento del otro, le encomienda al buen oficiante la importantísima tarea de aprovisionarse de los kilos de carne/pollo/pescado necesarios, a la par que los demás ingredientes se los agencia en los alrededores más cercanos.

Mientras tanto, ocurre una curiosa paradoja: la mitad de los convidados se marchan también entusiastas detrás de los encargados de la compra de la carne/pollo/pescado, “porque nunca han ido hasta allá y quieren conocer”. A ese paso, el sancocho lo hará la mamá de Spiderman.

P.S.: lo mismo aplica para las parrillas.

El placer de vivir: la familia.

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Nada como la familia. Es la célula fundamental de la sociedad, como dicen los libros de texto, y siendo uno de los mayores placeres del ser humano el pertenecer a una, el mayor premio que puede recibir el espíritu, es sentirse querido y reconocido por una familia. Corta o larga, postiza o de sangre, familia es familia, y siempre contaremos con el apoyo de ella en todo momento. Claro, como todo en la vida, la familia no es ajena a las vicisitudes de la vida grupal. Pero siendo el cariño sincero uno de sus principales soportes, todos los miembros en algún momento nos hacernos solidarios para garantizarles a los nuestros el mayor bienestar.

Si no, vea los esfuerzos que hace el señor Raimundo para lograr que su hija Mariale termine la universidad. Ya la muchacha tiene siete años brincando de universidad en universidad, buscándole un destino a su vida, que ya vemos que no cursa la misma carrera que ella. En esta última oportunidad, la muchacha confesó muy sentida que lo suyo era la música y le pidió inscribirse en una licenciatura en Música, a pesar de que jamás y nunca la chica dio muestras de interés ni siquiera por el sonido del timbre, y desde la más tierna infancia demostró ser más sorda que una campana de cartón.

suegraLa señora Hermelinda, esposa de Raimundo, tiene también su lucha particular con su suegra, doña Eulogia. Todavía a doña Eulogia no se le ha quitado la costumbre de hacer la prueba del guante blanco por todos los rincones de la casa, rectificar la sazón en la cocina y pasar revista a la cesta de la ropa sucia para criticar, como siempre, el porqué su hijo se casó con una mujer que no lo atiende como se lo merece, que eso no pasaba cuando vivía con ella. El detalle está en que Hermelinda y Raimundo tienen treinta y cinco años de casados, y durante ese tiempo se han limpiado los mismos rincones, se come con la misma sazón y la cesta de ropa se vacía puntualmente cada fin de semana. Ya saben, cosas del alzheimer.

Tampoco Eulogia las tiene fácil, pues debe lidiar con su propia cruz en la persona de Pablo, el menor de sus hijos, un calavera desvergonzado que le ha producido a la venerable matrona las más variada gama de sobresaltos y sustos aún en medio de su vejez. La última vez, Pablo puso a prueba la hipertensión arterial de doña Eulogia, cuando de luego varios días de estar perdido quién sabe dónde, se apareció por su casa el enfurecido padre de su última novia, de cuyo nombre Eulogia no se acuerda, pues perdió la cuenta hace cinco novias atrás. El señor hecho un energúmeno reclamaba la presencia del desaparecido, para resolver el asunto de unos giros de un préstamo, donde el suegro en ciernes aparecía retratado como el afortunado y feliz fiador de la deuda, adquirida a cuenta de un negociazo, un tiro al piso empresarial que les reportaría a ambos el 1000% de ganancia. A estas alturas, Pablo todavía no enciende el celular.

¿Les hablé de Fernando, el primo Hermelinda? Un tipo muy bien mandado, culto y divertido; es el partido ideal que toda madre desearía para su hija. El detalle de su persona radica en que desde muy joven le dio por ser “artista del doblaje” y se dedicó con ahínco a labrarse una carrera en el ámbito de la actuación y el canto. Últimamente, montó junto con algunos ¿colegas?, una obra estilo “café concert”, donde personifican a varias cantantes y actrices de moda. Toda la familia respiró profundo cuando vieron la profusión de pelucas, postizos, vestidos de gala, zapatos de plataforma y chillidos que se desplegaban en el escenario. La familia apoya tibiamente sus actuaciones, pero en los últimos tiempos cundió la alarma en el seno del hogar cuando anunció que iba a su primera gira internacional; cuando le preguntaron de qué se trataba, sin más reveló que iba como representante de Venezuela al “Miss Planet Gay International”. Ay Dios.

El placer de sufrir: el guayabo.

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¿Quién no ha sufrido alguna vez de un guayabo? Curiosamente, padecer de un guayabo entreteje una curiosa paradoja: es uno de los pocos dolores en el que lo padece lo puede alargar hasta donde sea su gusto. No es lo mismo sufrir de un raspón, echarse alcohol y abanicarse rapidito para que pase el ardor; o fracturarse un brazo y esperar enyesado como un Cristo crucificado que el hueso decida sanar. En este caso no. Aquí el enguayabado es quien decide a voluntad los alcances del guayabo, su duración y término, como un traje cortado a la medida.

imagesHay un conjunto de mecanismos psicológicos que intervienen en el guayabo, que determinan su mayor o menor intensidad. El guayabo es uno de los dolores más respetados que pueda haber en una sociedad. Así como es una conducta aceptada socialmente ver a los deudos del difunto batuqueándose contra la urna que contiene los restos del finado, a los enguayabados se les guarda un cierto respeto a la hora de las demostraciones de su dolor y congoja. Hasta los machos más resabiados tienen su momento cuando repentinamente salen corriendo con los ojos arrasados en lágrimas, y llega algún benefactor con la gravedad del caso que explica a la concurrencia: “déjenlo, es que terminó con su novia hace poco”, levantando una ola de solidaridad y los consiguientes diagnósticos de los más sabios ex enguayabados.

Es necesario distinguir entre los diferentes elementos que intervienen en el desarrollo del guayabo. No es nuestro propósito convertirnos en expertos en la materia, pero hemos podido distinguir las siguientes etapas:

  • Negación: nadie admite un guayabo a la primera (¿Quiéééén?, ¿Yoooooo? No vale).
  • Duda: ¿será verdad? (tú los viste, te lo/la pasaron por el frente).
  • Culpa: ¿qué hice mal? (tarde piaste, ni que baje Dios).
  • Expectativa: esa/ese vuelve (espera sentado y apriétalo duro contra el taburete).
  • Reafirmación del yo: que sea feliz (modo machito llorón/arpía desplumada).

Y mientras se desarrolla el guayabo, y aunque los expertos recomiendan las acciones a tomar para hacer más llevadero el proceso, por lo general a los afectados les pasa o hacen todo lo contrario:

images-1Hable de su dolor: pero no se pase de maraca. Siempre existirá el hombro amistoso que gustoso se prestará como paño de lágrimas, o por lo menos para enterarse del chisme. Muchos grupos de amigos se esfuerzan sinceramente por hacer sentir confortados a los enguayabados, y organizan convites a propósito para distraer al amigo de sus penas del corazón. Se recomienda ampliamente aprovechar estas expresiones de apoyo de los amigos para desahogarse y poder hablar libremente de su situación. El problema se presenta cuando después de cierto tiempo, los panas que apoyaron al principio dejan de contestar las llamadas, ya no te visitan ni te invitan a salir, y se hacen los locos cuando te ven en la calle, porque ya pareces un disco rayado con tanta lloradera. A partir de allí, empieza el chalequeo en firme.

Evite los sitios que puedan hacer recordarle la relación anterior: como ocurre con frecuencia, vuelve la burra al trigo. Van tres veces al día a visitar el parque donde se conocieron cuando los atracó el mismo malandro; o frecuentan con más asiduidad la arepera donde iban juntos a comerse enamorados sendas arepas rueda de camión de cochino, guayanés y aguacate, con par de tobos de jugo de fresa sin azúcar, para guardar la línea. Otros, en alarde de lo más desgarrador del dolor paroxista, cometen la imprudencia de visitar a los familiares de la antigua pareja, para hablar de vez en cuando con ellos Esto puede ser contraproducente, especialmente si la nueva pareja es miembro de un cuerpo élite de inteligencia militar o especialista en el manejo de la katana japonesa.

cupidoProcure guardar o botar todos los objetos que le recuerden a su expareja: para nada lo hacen. Si es la foto de los días felices en la playa, tan chévere que lo pasaron a pesar del plaguero y el mar de leva, la amplían y la ponen tipo fotomural en la sala. Los Cds que compraron juntos con los éxitos de Armando Manzanero y José Luis Perales, los reproducen al calco de una tortura china sónica, hasta el punto de que la junta de condominio del edificio los cita a la alcaldía para firmar una caución y una orden de alejamiento. Y algunos masoquistas llegan hasta el colmo de dormir acompañados con el pañuelo, la franela o el interior sucio que dejó olvidados el otro cuando se fue.

Mantenga la mente ocupada: nada que ver, la mala suerte lo perseguirá. Si luego de un desengaño amoroso decide iniciar estudios universitarios, que casualidad, su antigua pareja decide también inscribirse en la misma universidad. Por eso de que el ejercicio libera endorfinas y cura la depresión, usted procura iniciar un programa de entrenamiento en un gimnasio cualquiera, y sorpresa, su ex está en el mismo gimnasio, y el entrenador de “pilates” es su nuevo novio. Y si se le ocurre viajar al extranjero, descubrirá estupefacto que en el mismo crucero alrededor del mundo donde usted va, su antigua novia pasa su luna de miel. Mejor intente armar un rompecabezas en casita.

Jesús Millán

@jesusmillan1969

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