Sexo: sobrevaluado y subestimado

Juicio de Paris, de Rubens

Pedro Pablo Rubens

Gracias a la mecánica celeste, cierto tipo de cinematografía y algunas lecturas seudo-eróticas ensombrecedoras, el sexo nunca estuvo tan sobredimensionado, ni tan menospreciado. No es una contradicción, enfrentemos los hechos por escena:

 El sexo olímpico sobrevaluado 
Por que siempre, siempre, siempre, después de minutos agónicos de encuentros y desencuentros (en cine, series y algunas lecturas) los “protagonistas” a pesar de habernos mostrado previamente todo lo contrario, cuando van a tener sexo se convierten en atletas olímpicos, capaces de elevar, torcer, forcejear y entrecruzar sus cuerpos, para practicar un sexo aprensivo, agresivo,  y lleno de tropiezos. Pareciera ser  la premisa que mientras mas apremiante el sexo, mejor.
Es un sexo predecible en el que, acto reflejo sabemos que ella ira a horcajadas sobre el, el caminara torpemente por un pasillo, alguno de los dos o ambos se golpearan una o mas veces y en el que al final, mas predecible si se puede, ambos terminan, fin de la escena, con rostro de transfiguración. La contraparte…
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Pablo Picasso

El juego erótico subestimado
Es aquel de muchas tomas oscuras en pantalla ( los códigos sociales son mojigatos para la exploración) y que en todas las escenas nos escamotean. El asunto pudiera no parecer trascendental, si de un universo de adultos sexualmente activos, coherentes y honestos se tratara, pero,  se quiera o no,  esas imágenes creadas moldean un “tipo de procedimiento”, un  modus operandi,  en una masa importante de adultos confundidos/mal informados  y de adolescentes que de verdad creen que hay que correr por los pasillos, con los pantalones a media pierna y golpear a la pareja contra la pared para tener un buen sexo, evitando  la exploración y el juego erótico, que es el que en definitiva nos lleva al entendimiento  de lo que nos gusta o no, lo que nos excita y estimula. El orgasmo es breve, lo sabemos, pero por ello mismo el juego de la sensualidad y la excitación tiene su peso fundamental: prolongar el placer del sexo mas allá del éxtasis expreso del orgasmo.
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Frida Kahlo

El nirvana sexual sobrevaluado

En el otro universo paralelo descansa la teoría donde en el coito y en el orgasmo la pareja hallará una especia de iluminación trascendental. Un conocimiento ancestral sobre la energía compartida que se manifiesta (tras largas jornadas de posiciones y estímulos), en una sabiduría adquirida y compartida, que a partir de ese momento nos permitirá una comunicación casi telepática ( en este punto esperamos que la pareja sea mas o menos regular, porque si es de turno, ¿a que tanto jaleo?).
Ciertamente el  conocimiento de la pareja,  el juego, los ritmos, las afinidades, etc, nos llevaran a una conexión corporal-anímica-emocional mas profunda y por ello un goce mas pleno (es el juego erótico subestimado). Pero parece poco probable que recibamos información ancestral mientras tenemos un orgasmo y difícilmente se puede calificar al gozo, como un nirvana evolutivo que nos eleva a otro plano dimensional donde somos polvo cósmico, literalmente hablando.
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Toulouse-Lautrec

 La utileria y la escenografía  sobrevaluadas
Esa otra historia, esa otra sombra,  donde la utileria, los jugueticos, la puesta en escena, y la lencería se convierten en un requerimiento, una necesidad y solo así, rodeados de artefactos,  resumimos el sexo y la sexualidad. Un uso y abuso que ha sobredimensionado y tergiversado la utilidad de los instrumentos, al punto de suplir el cuerpo del otro, el lenguaje propio y el del otro. Un tercer convidado tiránico que desplaza y hace mecánica, por sobreexpuesta, la plenitud de los que en ella se afincan.
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Gustav Klimt

El sexo puro y simple subestimado: rozar, tocar, sentir, palpar, apretar, acariciar, besar, reír, ser, seducir, explorar, dejarse, llevar, gemir, mirar, besar, abrazar, volver a reír, soltar, bailar, sudar, conocer, estimular. Con utileria, 1, 2 o 3, sin utileria, respirando, descubriendo. Decir si, decir no, respetar… llegar… a compenetrarse. Sin culpas, ni tabúes, ni remilgos, o con ellos ¿porque no ?,  en armonía, con honestidad, con lencería de animal print, o sin ella, arriba o abajo, con amabilidad y gentileza, que no es una batalla ni una contienda, es placer a conciencia, compartido y asumido.

Ha llegado la hora de asumir nuestros cuerpos, sudores,  gustos y disgustos en el sexo, pero sobre todo de hablar con los mas jóvenes y liberarlos de las expectativas hollywoodianas que a la larga solo crean un contingente de reprimidos y poco saludables “practicadores de oficio y poco beneficio”. Ha llegado la hora de cambiar la idea del sexo titanico, por uno mas honesto, por una idea mas limpia, por elemental y sencilla, de sexo pleno de exploración y autoconocimiento que le permitirá a cada quien su goce, como, cuando y donde.
Adriana G
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