Caracas

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La faz de mi ciudad no es una sola. Según se viaje de este a oeste o de norte a sur, en Metro o San Ruperto,  pudiera parecer varias a la vez.  Según se camine se  siente diferente en la piel.  Muestra, eso sí,  un solo dolor y una mugre única, por donde quiera que se le  vea. La indiferencia que arropa sus pasiones la hace parecer resentida y solitariamente dividida. Nuestra capital  abre sus arterias, vías y desdichas,  con todas sus pericias y en toda su miseria, no hay tabú.

12568707_742283329242414_1591350502_nCaracas ha mostrado siempre sus varias facetas a propios y extraños. Para el ojo inexperto,  será huidiza,   nunca falsa. Extenderá una estela,  para que aquel extranjero a su dermis la huela y la sienta. Cualquier andante varado por su rumbo deberá entender que a esta ciudad se le ama,  sin tratar de entenderla,  distribuirla y planificarla. De paso es de paso. Para el ojo propio nunca será inhóspita, tal vez ruda. Para el caraqueño, que demarca denominación de origen “de pura cepa”,  será siempre inconclusa, una ciudad  multisápida, con el gentilicio al borde. El caraqueño sabe que para sobrevivirla hay que palparla, olerla sin remilgos y empalagos, en el entendido de que esta es una ciudad de sentidos y esencias, con sus esquinas de canela, guayoyo y  cerveza.

Cargada de laxitud,  a medio camino entre lo precoz y el descaro,  es preconcebida,  tímida generacional y voluptuosa. Se abre y cierra como una flor y engulle con agudeza afanes y modas.  Siempre igualada e imaginativa,  es  absolutamente mullida en el desconsuelo de reconocernos  mas   como partidarios, que  como ciudadanos.

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Por ello y a pesar de ello nos deja,  coqueta,  asumir posturas,  sabiendo que son posturas. Y permite que le zurzan los rotos de  un costado  u otro,  doblegando a veces su esencia de sultana,  a una falta  total de orden elemental y termina siendo el reflejo complejo del país entero,  en un acto rebelde de “y lo demás es monte y culebra “,  como reza la conseja. En su seno  se cobijan, robustecidas,  las tendencias,  por los años de candela retórica y en su intento por brincar la talanquera y pasar la etapa fashion de sus ojos de vidrio,   se resiente en su pasado rococó  y troca totalmente  kitsch.

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Presume de algunas perversidades sociales y las protagonistas indiscutibles de su escena son las hembras caraqueñas,  también mujeres de esencias y que tienen, desde pequeñas su seña con la calle que  recalientan en tacones y cholitas.  Con ellas revela Caracas su  estela mas  polifacética  y  termina siendo,  como muchas de ellas un miss… ¡Caracas también es una Miss Venezuela!

Frívola,  faramallera y farandulera adora estar vestida para la noche y en esta su versión noctámbula: quiebra vidas,  rompe hogares,  entierra deudas,  mece a la juventud de turno,  pinta con su pluma gay avenidas caminadas y retorcidas y cocina una receta de drogas, sexo, alcohol y grandes dosis de silicona y botox.

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Sabe vestir de arte,  yoga y meditación. Hay gente culta y cultura de magazíne, pensamiento creativo, y  escaso crítico,  escritores de oficio y oficiales de la cultura que policialmente dictan pauta de lo que ha de ser el arte y la convivencia del siglo XXI.

Y aunque en los años recientes mucha gente ha dejado sus calles y avenidas para  pastar en centros comerciales y hacer vida fatua,  donde los olores y colores de la urbe tienden a plastificarse,  siempre hay una fauna indómita  resuelta a no abandonar las rutas y oportunidades de Caracas.

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Mi ciudad es clara,  extrovertida y soñadora,  con el carisma de una geografía que vibra en sus encantos y no oculta los mocos y parásitos de sus muchachos. En el mediodía de su vida Caracas es hermosa y sibarita,  loca y poderosa,  ruinas y desapego,  desconcierto, hedonista y violenta. Sin vergüenzas tontas por nuestra diestra condición para pasar de lo ilustre a lo mortal. Caracas es  enteramente nuestra,  para el encuentro genuino entre lo que somos,  lo que callamos,  queremos y debemos ser,  manchados con el castaño de sus cerros al atardecer y adornados con el verde de su único Sultán: El Ávila, el cerro mayor que le acaricia y da a este valle de risas y lágrimas una identidad que nos preserva y libera de sus circunstancias e historia.

Nota: El texto es original del año 2009 y no tiene modificaciones. Lamentablemente el deterioro de infraestructura y servicios, ha empeorado. La estética de la ciudad dista mucho de el deseo generalizado de civilidad y orden que todos anhelamos. Sin embargo bien vale la pena destacar la loable labor de varios emprendimientos ciudadanos para recuperar la ciudad que podemos y debemos “patiplumear”  y recorrer, les nombramos solo algunos:

@cinemagarage               @Pasalahoja             @CineJardin                @Tpaseoytcuento

@arquitourchacao          @CCSen365               @ranaencantada        @Bici.Aventuras

@AdoptaUnLibro            @rutasgolosas          @urbanimia                 @pechakucha

@MiConvive                     @RutasExLibris        @ReLectura                 @BiblioAbierta

http://prodavinci.com/2016/07/02/actualidad/los-souvenirs-de-sara-maneiro-o-las-no-postales-de-caracas-por-lorena-gonzalez-inneco/

http://rutasgolosas.com/2016/02/la-lista-revisada-de-los-101-lugares-donde-comer-en-caracas/

http://contrapunto.com/noticia/una-bailarina-loca-89381/

Adriana G

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