Sit Down Comedy: la frustrachera

Mentando mantras y cantando madres

 

Hay un estado emocional, un humor, un ánimo, que nos acomete en circunstancias específicas, que no solo es difícil de categorizar, sino que es tan complejo que agrupa varias emociones. Ani lo atajó perfectamente en una conversación – tengo frustrachera.

La frustrachera de Ani resume en dos platos una serie de eventos desafortunados, que descomponen el ánimo del más pintado.

Desglosemos. La arrechera es un sentimiento tan venezolano, tan vernáculo, que debería ser considerado símbolo patrio, más aun en los tiempos que corren. Los venezolanos usamos la arrechera para todo, verbigracia:

  1. Estoy molesto… estoy arrecho (nivel 1)
  2. Lo hice yo solo… si soy arrecho
  3. Ya lo hicieron… que arrechos son
  4. Sigo molesto… tengo una arrechera (nivel 2)
  5. Qué bien te queda eso… se te ve arrechísimo
  6. Descubrimos una playa bellísima…  más arrecha la playa
  7. Estoy muy molesto… más arrecho y me pudro (nivel 3, corra)

La frustración es una emoción universal, pero ciertamente los niveles en que los venezolanos la “padecemos” actualmente rebasan  las estadísticas  de Harvard University y la toxicidad anual permitida.

En esa conjunción de sentimientos, que bien podría graficarse como el Relámpago del Catatumbo (otra maravilla vernácula y maracucha además “vos si sois arrecho”), nos encontramos los venezolanos.

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Pero por si fuera poco esa mezcla tiene también un dejo melancólico, una nostalgia de pan mojado que se desbarata y nos hace deambular de aquí para allá, con un ánimo que va de la molestia a la pena, de la congoja a la decepción: una frustrachera… y entre ida y vuelta nos ataja la humana necesidad de superar las penas, de ser pendejamente optimistas e increíblemente perseverantes (y no necesariamente hablo de nuestro proverbial sentido del humor) y para ello recurrimos al té verde, a la Yoga, al ejercicio, a la meditación, a la oración, al open bar o al psicoanalista, el coaching, las agüitas de babandi y hasta al arquitecto de los sueños. Conclusión: vivimos el gentilicio “mentando mantras y cantando madres”, superando nuestra crisis una frustrachera a la vez, como alcohólicos anónimos del ánimo. Somos surfistas de nuestras circunstancias… unos salmones de nuestro destino. (NÓTESE que fiel a nuestra premisa no hemos hablado de política, porque a estas alturas ya todo el mundo sabe dónde estamos parados y que es lo que no está funcionando).

PD: la frustrachera es prima hermana de la tristechera, solo que esa suele ser medicada.

 

Adriana G

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