A propósito del Día del Padre

A pesar de que mucho se ha escrito de cómo ser un buen padre, no existe una receta o un manual exacto que produzca tal efecto. Y la razón es sencilla, ser bueno o ser malo es una cuestión subjetiva, y por ende todo se evaluará en función de los resultados finales denominados: Hijos.

En tal sentido puedo señalar que existen padres estrictos (el que la vida me dió), cariñosos, permisivos, indiferentes, sobreprotectores, responsables o viceversa, comprensivos, intransigentes, descuidados, meticulosos. Padres solteros, “modernos”, anticuados, progresistas, retrógrados, machistas, etcétera. Pero indistintamente donde se encuentre ubicado el suyo en esta clasificación, seguramente una vez que lo haya identificado y evaluado usted dirá “tengo o tuve un buen padre”, quizá el mejor de todos, sin embargo ciertas condiciones aplican.

En fin, hace algunos años conversando con mi padre, me contó sobre una oración que él me había dedicado y recitado aquel 19 de Mayo con motivo de mi nacimiento (soy su primogénito). El autor de esa oración fue el General Douglas MacArthur, militar estadounidense condecorado con la Medalla de Honor, que actuó como Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas en el Teatro Suroeste del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial,  quien la escribió con motivo del nacimiento de su primer hijo.

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Fue un momento mágico junto a mi Taita (como cariñosamente lo llamo por el hecho de ser llanero) y me parece tan hermosa y tan significativa esta oración, que decidí compartirla con ustedes a propósito de la celebración del Día del Padre, ello en virtud de que su contenido está lleno de un gran sentimiento y de una emotividad tal, que de no haberlo hecho me hubiese sentido como un ser totalmente egoísta.

Espero la disfruten y que de alguna manera les toque el espíritu de la misma forma que lo hizo conmigo.

¡Dame, Oh Señor! un hijo que sea lo bastante fuerte, para saber cuándo es débil y lo bastante valeroso para enfrentarse consigo mismo cuando sienta miedo.

Un hijo que sea orgulloso e inflexible en la derrota honrada, y humilde y magnánimo en la victoria.

Dame un hijo que nunca doble la espalda cuando deba erguir el pecho.

Un hijo que sepa conocerte a Ti y conocerse a sí mismo, que es la piedra fundamental de todo conocimiento.

Condúcelo, te ruego, no por el camino cómodo y fácil sino por el camino áspero aguijoneado por las dificultades y los setos. Allí déjale aprender a sostenerse firme en la tempestad y a sentir compasión por los que fallan.

Dame un hijo cuyo corazón sea claro y cuyos ideales sean altos.

Un hijo que se domine a si mismo antes que pretenda dominar a los demás.

Un hijo que aprenda a reír pero que también sepa llorar.

Un hijo que avance hacia el futuro pero que nunca olvide el pasado.

Y después que le hayas dado todo eso…

Agrégale, te suplico suficiente sentido de buen humor, de modo que pueda ser siempre serio pero que no se tome a sí mismo demasiado en serio.

Dale humildad para que pueda recordar siempre la sencillez de la verdadera grandeza, la imparcialidad de la verdadera sabiduría, la mansedumbre de la verdadera fuerza.

Entonces, yo, su padre

Me atreveré a murmurar:

“no he vivido en vano”.

General Douglas McArthur a su hijo.

Feliz día del Padre para todos, incluyendo por supuesto a esas mujeres valerosas que la vida las puso en la dura situación de ser madre y padre al mismo tiempo, teniendo que llevar también los pantalones en el hogar.

¡ Salud!

JZSM

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