Constelaciones familiares. ¿Con o sin sombrero de bruja ?

Parte  I

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Hace un par de meses me invitaron al cumpleaños sorpresa de mi gran amiga, la multisápida Sonia; su hija Sammy, con el mismo desparpajo auténtico de la madre, decidió que dicha velada sería compuesta sólo por damas ataviadas con sombrero, cosa que no me disgustó en lo absoluto, pues alguna parte de mí añora épocas no vividas de guantes, corsés, armadores, pamelas o cualquier otro accesorio rimbombante.  Salir a la calle con un paraguas y entrarme ganas de cantar Hello Dolly es lo mismo!

Lo cierto es que después de pasearme por todas las opciones “sombrerísticas” encontradas, entre ellos una boina del tamaño de un ovni, un hermoso panamá original y un sombrero de paja que obtuvo mi padre de un trueque con un indigente, opté por un puntiagudo y negro sombrero de bruja, con araña bordada incluida, que quedó de algún Halloween criollo.

En el camino a la celebración y con el sombrero de copiloto, pensaba en las distintas conversaciones que podían darse con aquellas desconocidas personas, hasta que recordé que mi reciente incursión en el mundo de las Constelaciones Familiares se encontraba entre las posibilidades; ya había sido advertida sobre la curiosidad latente en tan variopinto grupo de damas, debido a la reciente participación de nuestra amiga en común, en una constelación grupal en la escuela donde me formé (aunque el resultado de dicha experiencia, ya es material para otro artículo y no es a mí a quien le toca contarlo).

Es por ello que, mientras conducía por nuestra congestionada ciudad, decidí entrar en “modo revisión” para dar un recorrido mental sobre esta nueva manera de entender las relaciones, de forma tal que si era sometida al multisápido interrogatorio, ya estaría preparada; no quería dejar a mi escuela ni a mi gran maestra en ridículo, con una alumna titubeante a la hora de exponer lo aprendido.  Lo cierto es que, sin necesidad de libros ni chuletas,  el repaso que hizo mi mente, mientras circulábamos el sombrero y yo por la autopista de Prados, dio con un concepto fácil de digerir: las constelaciones familiares son una herramienta terapéutica que nos permite mirar y ordenar nuestro sistema familiar, así de sencillo. ¿Acaso alguien puede poner en duda que nuestras familias son un entramado enmarañado de historias y circunstancias? Pues ya está, tenemos producto, mercado y explicación!

Pero sabía que, si había interés real, esto no sería suficiente, sin duda querrían saber algo más, por ejemplo su utilidad, así que las imaginé preguntando ¿para qué sirven? y de inmediato el chico del comercial de una televisión por cable se asomó en mi fantasioso cerebro y me dijo “¡te lo tengo!”; ¿cómo no saberlo, si en mi proceso de formación, mi primer y único conejillo de Indias fui yo misma?

En primera persona me tocó comprender, con un poco de dolor, algo de impresión y mucho de liberación, cómo las Constelaciones Familiares sirven para resolver conflictos que venimos arrastrando y que tienen su origen en sucesos vividos por generaciones pasadas, tales como la violencia de género, el fallecimiento prematuro de padres o hijos, separaciones, abusos, engaños, repetición de nombres, etc.   Estos eventos nos han llevado de forma consciente o inconsciente a EXCLUIR aquellos miembros del clan que hemos considerado responsables, convirtiéndose esto en un desequilibrio del sistema, que se manifiesta en las generaciones presentes en forma de enfermedades, depresiones, miedos y tantas otras situaciones que no conseguimos aclarar o remediar.  Yo misma tenía todo un catálogo de acontecimientos sin aparente explicación ni solución.

Extraviada en mis pensamientos, también me perdí por Prados del Este…  nunca he entendido ese laberinto de rampas y accesos, así que encontrar la casa donde se haría el convite, fue lo suficientemente complicado, como para tener tiempo de seguir divagando sobre el tema y no pude evitar recordar todas las veces que el asunto se ha puesto sobre la mesa ante inexpertos y he obtenido por respuesta expresiones de escepticismo, así que de inmediato me di a la tarea de contestar aquellas hipotéticas dudas que seguramente surgirían en el pensamiento de algunas.

Pretender eludir las implicaciones en nuestra vida de lo sucedido en el árbol genealógico, es igual a desconocer nuestra sangre o nuestros genes, es no querer admitir cuando repetimos conductas de antepasados que nunca conocimos, es ignorar esos lazos invisibles que nos atan a nuestra historia, es como obviar que cuando nos paren, nos entregan una mochila cargada de memoria.

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También sabemos por comprobación, cuánto daño puede hacerle a un organismo, del tipo que sea, el desequilibrio que ocasiona la eliminación de uno de sus componentes: los sistemas se debilitan, las estructuras se vuelven inestables y el cuerpo se indispone, entonces…  ¿cómo podemos creer que la familia saldrá indemne de un evento como este?  La exclusión dentro del clan, deja de tener sentido y justificación, si lo examinamos a la luz de todos los riesgos que conlleva, tanto en nosotros, como en nuestros descendientes.

¿Y a quiénes excluimos?  A tantos! A la ex pareja, al bebé perdido/abortado que fue olvidado, al padre o madre cuyas acciones me atrevo a juzgar, a los hijos de una unión anterior, al bebé fallecido al que le quitamos el nombre para colocárselo al siguiente, a la nueva pareja de nuestro(a) ex, al drogadicto, al alcohólico, al hijo autista cuando no reconocemos esa enfermedad que es parte de él, a la abuela a la que me refiero con burla o desprecio, al tío homosexual, al hermano que nos estafó, a la prima que juzgué era demasiado “alegre” y así, pare de contar!  Quien esté leyendo esto, pregúntense qué es lo que más ha despreciado en su familia y cuántas veces el universo se lo ha vuelto a poner por delante…  ¿casualidades? Ninguna!

Confieso que cuando descubrí esta teoría, sentí un frío desagradable recorrerme el cuerpo, al comprender y reconocer cuánta exclusión hay en nuestras vidas, cuánta había en mi propio camino; el sosiego regresó cuando entendí que también tenía solución! ¿Cuál es? Es tan complejo y sencillo a la vez, que confunde: Aceptar y honrar! Y es aquí donde las Constelaciones Familiares entran a jugar un papel importantísimo, pues nos ayudan a mirar qué no estamos respetando, a quién hemos excluido del sistema (que en la búsqueda del equilibrio, repite historias para repararse) y finalmente nos sirve para ordenar lo que necesite ser ordenado.

Cuando por fin encontré la hermosa casa donde ya esperaban el resto de las invitadas, tuve que dejar de divagar, para poder poner mi atención en estacionar en una empinada calle, algo que me dificultó el posterior y típico arreglo del atuendo, ese que hacemos la mayoría cuando al bajarnos del carro comprobamos que la larga ruta nos desencajó el encanto y la posición del pantalón.  Y mientras hacía malabarismos en la empinada cuesta, para poder contemplarme en el cristal del asiento trasero y acomodarme el sombrero, me sentí satisfecha y convencida del discurso que pensaba darles en caso de indagación, además concluí que no sólo me veía muy bien, sino que además era una bruja de lo más actual, cosa que confirmé, cuando a través de la ventana me percaté que alguien había dejado allí la aspiradora-escoba…  mi propia escoba con motor, más moderna imposible y eso no podía ser sólo coincidencia!

Fue justamente por ello que, mientras hacía verdaderos esfuerzos subida a mis tacones de vértigo, para no rodar por la pronunciada cuesta, aún me quedó tiempo para reconocer que necesito averiguar con más detalle cuántas féminas en mi árbol habían usado sombreros negros y puntiagudos, como el que llevaba en ese momento!

Continuará…

Patricia Gonzalez

@patriciahgp

@trimileniuconsultores

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2 comentarios en “Constelaciones familiares. ¿Con o sin sombrero de bruja ?

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