Latinoamérica en Prosa

Cita Posted on Actualizado enn

exhibicion_arte_y_diseno_latinoamericano_en_mad_museum_of_arts_and_design_743104088_650x

Este año, quizás, remonte el Arauca en un bongo. Tal vez recaiga nuevamente en las selvas del Putumayo – la ruta aún no está clara, pero sería una exploradora reincidente y probablemente extrañe a mi anterior guía irlandés. Adondequiera que vaya, es posible que los mosquitos me acompañen. Los sueños febriles también.

Viajar por las páginas de la literatura latinoamericana es una aventura, un naufragio, un suplicio y un romance. Cualquier cosa puede pasar y siempre hay que temer lo peor. Porque así es nuestra realidad y así es nuestra fantasía: cruel. Capítulo tras capítulo, los apasionados amantes viven eternidades distantes. Una visión colectiva oprime al individuo, bien sea en el inicio, medio o fin del relato. La monotonía de los días es asaltada por la magia del instante, por verdades que, narradas al calor del sol, vencen el invierno que de vez en cuando se apodera del hombre. Eso sí, muchos pierden y pocos ganan, pero absolutamente todos mantienen el sentido del humor.

Este año, quizás, me dé dengue o malaria. Viviré una historia de amor en los tiempos del zika. En el sur del continente nadie sabe dónde termina el cuento y empieza la real convalecencia. Titulares de periódicos y títulos de novelas son intercambiables por estas tierras. Nadie nunca sabe qué pasa, pero algo siempre está pasando. Lo importante es que, como dice una amiga, la vida es más bonita frente al mar.

Entre cuatro paredes, pero con libro en mano, la vista no resulta menos hermosa, aunque si un poco más melancólica. Entre líneas se desborda el mismo e incomparable Mar Caribe, arrastrando al lector de forma clandestina hacia una esperanza que no se vive donde se nace, en busca de una libertad que no existe donde se han echado raíces. Las miradas siempre están fijas en el horizonte, las caras bronceadas volteadas en dirección opuesta a lo familiar, lo querido. Como barcos a la deriva, los personajes ondulan entre deseos y mueren ahogados en recuerdos.

Nuestra América no es la tierra prometida; en libros, es un estado de gracia que surge por accidente, como quien no quiere la cosa. La orilla desconocida se divisa en la distancia, por arte de magia, y el descubrimiento del siglo se origina por puro capricho: de una brújula traviesa, de un cálculo errado, del navegante embriagado y hambriento. Nuestras costas son el regocijo del extranjero, el paraíso que se compra con espejos.

Este año, quizás, me quite los tacones y camine por las calles, descalza y despierta, con los ojos y el corazón bien abiertos. Devoraré compilaciones de imágenes virtuales e invertidas, discursos, ensayos y poemas que reflejan las verdades versionadas del hijo de la fortuna, aquel que nace y se deshace cazando oportunidades – casi siempre ilícitas – para cambiar su suerte. Quien sabe y ese ejercicio de reflexión cambie la mía.

A la sombra de cualquier recurso literario se disimula una inquietud, una realidad que salta a la vista cual pez volador: el héroe del trópico – el de carne y hueso, revestido de elementos tipográficos para disfrazar lo que con un dedo no se tapa – es un prófugo de la vida misma. Navegando por las aguas de la ficción se escapa hacia el reencuentro, hecho contradictorio digno de cualquier portador de un pasaporte del Mercosur. Para bien o para mal, los pensamientos, las circunstancias y hasta el destino se escriben en prosa.

M.G.R

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s