Sit Down Comedy

Supere el despecho… es más chic el guayabo.

images (6)No es fácil enfrentar una ruptura sentimental,  y si bien siempre se quiere terminar en buenos términos la relación, es poco probable que no experimentemos los sentimientos encontrados típicos del caso. La clave de todo es en que acera de la calle,“esto se acabó”, está  parado Ud. Porque aquí no hablamos de relaciones en las que se llega a un final consensuado y de librito, dejemos a los civilizados para otro momento. Aquí hablamos de los desgarrados por el dolor. Esas son las lágrimas de las que queremos hablar.

Si estas en la acera del que deja la relación, solo hay dos sentimientos posibles: empatía, por el dolor que sabes va a sufrir,  la hasta hace nada, tu media naranja, o liberación ¡porque finalmente saliste de esa vaina¡ (y la vaina le cae a cualquier género y condición ).

Si estas en la acera del abandonado, dejado, maleteado y/o ninguneado,  que recibe  su cotillón de frases de despedida tipo:   ojo, las frases están ordenadas en sentido contrario a la ofuscación  que producen, siendo la número uno la más galla y la última aquella en que uno se eleva con propulsión a chorro de la arrechera.

  • Sé que me equivoco, pero lo tengo que hacer
  • Démonos un tiempo
  • Te mereces alguien mejor
  • Estoy seguro de que el destino nos unirá nuevamente
  • Siento que no has luchado por nuestro amor
  • Te irá mejor sin mi
  • Necesito tiempo para organizar mi vida
  • A veces, aunque duela es más sano decir adiós
  • No eres tú, soy yo… necesito encontrarme

Esa es la acera,  mis queridos,  en la que hay un solo sentimiento: el despecho.  ¡Y es maluco, y es feo!

Nosotras, que somos “un amor de cosas bella”, queremos ayudarles, no a sobrellevar el despecho. ¡Nooooo! Más bien a superar ese sentimiento pavoso y demodé, por algo más profundo y tortuoso y por ello mismo más chic y apropiado: el guayabo.

A ver, el despecho es un sentimiento poco noble, un  dominio  del ego herido, que se pone alerta y en estado vengativo. El despecho es resentimiento, es una malquerencia anidada en el ánimo, es  rabia,  y aunque puede ser justa,  puede ser desproporcionada y además, entiéndalo,  es de un poco elegante que para que insistir.

Sabemos que no es fácil, que es complicado dilucidar cuando pasamos de ser dignamente abandonados a despechados. Ya de por si está lidiando con la ruptura, ponerse además creativo para disimular la pena es otro nivel.

images (5)Aquí entramos nosotras. Lo primero, identificar al enemigo. Poder tener las referencias, el salto y seña de las características que nos colocan en ese borde indigno del despecho, para a partir de allí aplicar los correctivos y poder entonces migrar al guayabo y allí si, dar rienda suelta a nuestro dolor, con honda pena  y desgarro, pero infinitamente más chic y elegantes. Que no es lo mismo llorar por las esquina con la máscara de pestañas “chorreadas” (por aquello de que en esta Venezuela los precios de los artículos de maquillaje superan nuestros presupuestos y más de una ha tenido que dejar su  Clinique High Impact Extreme Volume Waterproof Mascara, por una Valmy), que ahogar ese sentimiento muerto en un buen tequila.

Reconozcamos pues al enemigo: no importa el nivel en el que te encuentres uno superpone al otro, se invierten y combinan, son peor que un álbum de barajitas.

  • 1er piso: hacer reproches sentidos, justificados y en horario decente.
  • Mezzanina: hablar mal de la ex-pareja, con todo aquel que se le cruza en el camino.
  • Planta Baja: contar detalles de la relación, generalmente seleccionando los peorcitos.
  • Sótano 1: dar lastima, sin sentido, injustificadamente, vagando por los lugares que frecuentaban y con la gente que estaba de su lado y está pensando seriamente cambiarse al otro.
  • Sótano 2: hacerse el superado. Sí sí el indiferente, el a mi nada me mella.
  • Sub-suelo: el acoso. Que incluye persecución en carro, cyberbulling y amenazas.

Le ofrecemos la autoayuda necesaria para evitar álbum y barajitas. Le proponemos una guía fácil de “hágalo Ud. mismo” para que por despecho,  se hunda en un guayabo… ¿verdad que hasta suena más bonito?  Verá, el guayabo no es resentido, es un duelo pausado, sereno, no hace ruido.

El guayabo es un sentimiento hondo de pérdida,  que  imprime en la estampa de quien lo porta un aire elegantemente decadente. Muy renacentista. Cuando uno está enguayabado la pena no es sorda, ni muda, pero si cautelosa y prudente.  Le otorga un aire interesante, casi intelectual. Piénselo,  eso es redituar el dolor y en estas épocas de crisis hay que reinventarse y mercadearse de la mejor manera posible. Finalmente debe proyectar a futuro y se trata de ponerse ya,  a pesar del dolor, a circular en el mercado.

Reconozcamos pues al aliado: aquí, como en todo sistema organizado y efectivo un nivel lo lleva al otro. Nada de saltarse etapas, esto es tipo AA, un día a la vez, sin trampa.

  • Nivel I : La negación y la ira

Es el típico estado en el que no se entiende que pasó y se niega toda razón.  Sugerimos entrar y salir de esta etapa con aplomo. Búsquese un amigo recio, que lo apoye y le propine su par de manotazos si quiere estancarse en el drama, porque este nivel es trascendental, o lo pasa y avanza,  o se desvía al impropio despecho. Pasada la negación, cuando asume su destino, llega la ira. Es el momento predilecto del ego. La rabia lo carcome,  el dolor le corroe el alma y  se hace las películas más escalofriantes,  donde cual ángel vengador, vislumbra  a su más recientemente adquirido archienemigo, rogándole, arrastrado por los suelos  que vuelvan. Remedio rápido y efectivo: vea el video que a continuación le proponemos.

Repítalo como un mantra unas 3 veces al día, hasta que se sepa la letra de memoria  y lo cante mejor que Paquita. Llore a moco suelto y pídale al amigo recio que lo grabe en video.

  • Nivel II: Negociación y depre

Este es el ciclo de la tristeza y el dolor, es el ciclo en el que, ante su inevitable destino, todo el peso del desamor cae sobre Ud. Primero solo está triste, porque su ego aún negocia, todavía cree que es posible una reconciliación. Reconózcalo, es su ego impidiéndole hundirse en el duelo, cosa indispensable para aceptar y superar el asunto. Aquí hay un solo camino, porque ya no hay vuelta atrás. Es una de las etapas más elegantes del guayabo, porque se asume con cierto aire bohemio, y es porque ese camino es ahogar la pena en alcohol. Deje que su corazón malquerido y abrumado se intoxique 1, 2, 3 y hasta una 4ta vez de ser necesario. Hasta allí, pasada la 4ta jornada etílica la cosa se pone cómica e innecesaria. Sea preciso y estoico, ni una más de las recomendadas.
Sugerencia nuestra, un Gran Patrón Piedra Extra Añejo, cuyo proceso de destilación y tiempo en barrica combina con su duelo,  ya que para producir este tequila se seleccionan los mejores agaves de los Altos de Jalisco, que posteriormente son cocidos y aplastados con una gran piedra volcánica en forma de rueda, tal y como se hacía antiguamente. Después de la destilación, es envejecido durante más de tres años en barricas nuevas de roble americano y francés… ¿nos va a decir que no combina?  Llore a moco suelto y pídale a el amigo que lo grabe en video.

  • Nivel II: Aceptación y superación

La mejor fase porque ya el dolor, identificado, sentido, ahogado y reposado le permite aceptar lo que es un hecho público y notorio. A estas alturas ya Ud. posee un aura zen. Esta relajado y compungido  a la vez. Es el momento de buscar actividades nuevas, de involucrarse con gente diferente, sin abandonar a los fieles amigos, solo para ampliar el repertorio y radio de acción. Recuerde que ya, sin querer,  entra en circulación. Haga ejercicio, inscríbase en un gym. El ejercicio no solo le ayudara a reacomodar los efectos perniciosos del alcohol, también le reportará mejor ánimo y entusiasmo. Inscríbase en un curso de lo que sea, hasta corte y costura. La idea es mantener la mente ocupada y activa. No hable más del asunto con nadie y del personaje menos, considérelo dentro de los pretéritos imperfectos de su vida. Si logra hacer esto, pasa la hoja y siente que por fin el sol entibia su rostro, Ud. habrá superado con éxito los niveles del guayabo y podrá caminar con dignidad entre todos, pues esa sapiencia adquirida es más chic que el guayabo mismo padecido. ¡Lo felicitamos!

Ahora, maduro y empoderado (usemos la jerga en boga) puede ser incluso padrino de otro desdichado. Ojo no se descuide que el desamor es un sentimiento poderoso y anquilosado, su remoción no es cosa de juego. No se permita un desafortunado déjà vu. En cuestiones de amor nunca segundas partes han sido tan buenas, las excepciones son poquísimas y muy particulares. Es más nos atrevemos a darle el último y más agresivo consejo: si como en alguna de esas películas de reconciliación,  que se hizo en su peor etapa, el objeto de su guayabo regresa clamando reset,  póngase los videítos que le grabaron los amigos. Suele ser un buen antídoto. ¡ Y San se acabó!

Adriana G

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