La puta, la amante, la otra.

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El Columpio de Jean H. Fragonard

No, no se me confunda, que no es lo mismo. Cada amor, pasión, arrebato y oficio tiene su espacio, su reino y altar.
Lo primero: perder el miedo a las palabras. Aceptemos la palabra con todo su rigor. Hablemos de la puta, la amante y la otra. Hablemos de ellas ahora, en el mes del amor.

Febrero se ha convertido en el mes del amor que alude al cortejo, al amor correspondido, aceptado. Hablemos nosotros de otros amores, de los negados, los señalados. Es más, no importa si no es amor, también aceptamos pasión, culpa, obsesión, deseo, despecho y guayabo. Aquí,  entran nuestras renegadas.

 

Comencemos por la otra: la más comúnmente tolerada. La otra es toda una institución. Es frecuente que un hombre tenga “su segundo frente”: la esposa y “la querida”. Y el hecho de que existan expresiones como la anterior demuestran cuan común es la situación. Hoy día, en parte porque el machismo ha cedido terreno, en parte porque la situación económica  complica las finanzas para ciertas andanzas, en parte porque la mujer asumió  su rol en la sociedad, etc.,  la incidencia se ha visto reducida. Ojo mermada, que no acabada. La otra no es la amante, la otra es el otro amor, comenzó como la amante, pero ya tiene dirección, horarios de llegada y salida y puede incluso llegar a ser semi-oficial: conocida y permitida por algunos familiares y amigos.
Vive en el borde en el que casi se hace “la legal”, pero no lo es. Plancha, lava y presta la batea. Puede incluso hasta tener también muchachos y cuenta mancomunada, y aunque difícilmente cambiará de estatus civil, legal, social ni sentimental, en esa relación, algunas lo logran. En la otra está el anhelo y hasta la vergüenza, ese es su tormento. Es un amor incondicional, resignado al tiempo compartido y no teniendo la prerrogativa de la legalidad vive su condición y amor en vigilia, pues siempre, siempre puede ser interrumpido, hasta por otra “otra”. La “querida” tiene su tipología, la hay sufrida y resignada; está la ponzoñosa y demandante, la hay modosita,  pero peligrosa y finalmente la otra que se queda para cambiar de estatus y ser legal.  La otra es terreno masculino, las mujeres no tienen “otro”, tienen amantes.

 

La amante: es furtiva, es más pasión que otra cosa, puede haber amor, pero es más deseo y piel. Un amante es una pulsión posible en todos, aunque nunca se materialice.
La amante, el amante, no tiene huso horario, casi nunca es regular, es más bien circunstancial, de ocasión. Puede prolongarse por un tiempo, pero sin intención de mutar, los amantes son amantes y ya. Esa piel les es cómoda y más fácil de manejar. La regularidad es por regla el punto en el que muere el atractivo subrepticio en el que anida.
Hombre y mujeres compartimos la pulsión.  Las mujeres, ya lo acotamos, tiene amantes, fugaces romances que por lo general  avivan su pasión por la vida, por el sexo perdido en su rutina de pareja, o simplemente por reafirmación, para sentirse jóvenes y atractivas. Aquí juegan con su par masculino. En los hombres creemos entender que la amante es una constante potencial, aunque hay las siempre pocas y honrosas excepciones del caso.
En común para todo sexo y genero la amante, el amante es la idea y la materialización de la lujuria, el romance, la adrenalina de lo oculto, el juego de lo prohibido y una válvula de escape a nuestras fantasías y pasiones.

Danae-Gustav Klimt
Danae-Gustav Klimt

La puta: esta renegada del amor, porque no decirlo,  ha sido una válvula de escape de proporciones inconmensurables para la humanidad. Gracias a los buenos oficios de las prostitutas nos hemos ahorrado una historia más revuelta de la que tenemos, sino que lo digan Teodora de Bizancio, Madame  Pompadur, La Güera Rodríguez, Julia Bullette, etc.
La puta y Matusalén nacieron juntos, por aquello del dicho: es más viejo que Matusalén, y nos imaginamos que a diferencia de ahora, con las salvedades pertinentes, en aquellos remotos pretéritos cualquier mujer que riese a carcajadas, se levantara la túnica o mirase directamente a los ojos de un hombre, tenía garantizada las piedras. La historia y su buen administrado temple les ha servido para que ellas, como dice la canción de Mecano (que no va de putas pero aplica) hagan con nuestras piedras su pared (Mecano “Mujer contra Mujer”, del álbum Descanso Dominical de 1988).
Siendo el oficio más antiguo, frase que acuñó de seguro un usuario consecuente, cabría pensar que con el tiempo lograríamos liberarlo  del tabú de  “la mala mujer” y aceptar el asunto como lo que es: un oficio, y rentable.
No seremos nosotras quienes vamos a adjetivar con dignidades y otras “piedras” al trabajo que por años ha contado con la mayor clientela garantizada y la mayor cantidad de oportunistas y aprovechadores,  que se han beneficiado con lo que los economistas bien llaman “el uso y usufructo de la cosa”.
Los hombres van de putas, y las mujeres también. Su servicio es puntual, específico y profesional. Se actualizan, diversifican, no temen el uso de herramientas nuevas y además aceptan débito, crédito y efectivo. Son una cofradía de lealtades y aunque son vituperadas, ninguneadas y señaladas han sobrevivido la era de piedra, el medioevo, el renacentismo, la ilustración, la era moderna y contemporánea y estarán por los siglos de los siglos, amen, María Magdalena habría dicho.  Y aunque su par el puto ha tratado de ganar terreno, ellas son las reinas de deleite sexual, no prohibido, establecido y  organizado.

 

 

Nuestras renegadas: la puta, la amante y la otra  celebran un 14 de febrero más cercano a la carne, a la lujuria, al apetito siempre insatisfecho de hombres y mujeres por el sexo, la pasión, lo prohibido y fortuito. Para cerrar les dejamos extractos de las “Redondillas” de Sor Juana Inés de la Cruz, precisa en la naturaleza humana, a pesar de su cercanía con lo divino.

…Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
el niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.
…¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo,
y siente que no esté claro?
…¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?
…¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar?

 

http://www.sylviadebejar.com/soy-infiel-%C2BFy-tu-te-quiero-pero-me-acuesto-con-otros/

http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/10/151029_finde_deportes_atleta_olimpica_suzy_favor_hamilton_prostitucion_mes

http://www.huffingtonpost.es/octavio-salazar/por-que-los-hombres-se-va_b_6848252.html

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-11-14/por-que-voy-de-putas-estas-son-las-motivaciones-y-los-perfiles-de-los-clientes_402364/

 

 

Adriana G

 

 

 

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